Salida de emergencia

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas

Estremece lo que sucede en Cancún. Esa ola de violencia extrema sacude a toda la sociedad. También a las autoridades, pues no podrían ser indiferentes ante el tamaño de la tragedia, bajo ninguna circunstancia.

Se trata del reto más crudo de sus casi 50 años de historia moderna. La ciudad ha llegado a esa etapa clave, cuando se necesita replantear modelos, reorientar esfuerzos, sumar y renacer. Algunos de sus pioneros han dejado de existir, y muchos de los que han llegado recientemente, desconocen el legado de esos primeros valientes.

Hace medio siglo un puñado de fundadores concibió un destino turístico (sin calcular su éxito), y años más tarde consiguió el más importante de México, el más visitado de Latinoamérica y uno de los referentes mundiales.

En entregas anteriores hemos divulgado las estadísticas que dan cuenta de lo obtenido y de lo proyectado. Pero otra característica propia es el contraste vivo; y aunque no son recientes, las problemáticas que se van multiplicando exhiben una dicotomía difícil de comprender, precisamente por esos claroscuros.

Porque en Benito Juárez al menos una tercera parte de la población vive en condiciones de pobreza y casi 100 mil personas en situación extrema (en unos 100 asentamientos irregulares); es decir, donde son bajos los índices de educación, salud y alimentación.

Por si fuera poco, lo que sabemos: los conflictos entre grupos criminales estropean parte de los planes, provocan desánimo, fomentan la desunión e incitan a cambiar constantemente las estrategias, por lo cual los resultados se posponen una y otra vez.

La apuesta es compleja y titánica: se debe garantizar la paz, recomponer el tejido social, generar más oportunidades, abatir las desigualdades a la vista y construir –o reconstruir– un Cancún donde se viva con seguridad, dignamente, disfrutando sus atributos, y con una mejor calidad de vida que se manifieste progresivamente en cualquiera de sus regiones.

La pregunta a lo anterior es cómo y cuándo.  Aquellos no pudieron solos; en ese devenir participaron nativos de Quintana Roo, avecindados y extranjeros, incorporados por convicción a una dinámica con otros desafíos.

Tal vez se requiera lo mismo desde ahora, dejando a un lado a oportunistas y antisociales, que sin embargo tampoco faltaron durante las primeras cuatro décadas. ¿Entonces? Urgen ideas y voluntades para hallar pronto la salida.

Aún hay tiempo y ganas.

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