Sin humillarse, pero sin estorbar

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
@msalinas21

Hace unos días, Arturo Abreu Marín, coordinador estatal de Programas Integrales de Desarrollo del gobierno federal, mandó un mensaje a servidores públicos morenistas en torno a evitar “fricciones” con los de otros de partidos, niveles y poderes.

El recado pareció dirigido a Laura Beristaín Navarrete, presidenta municipal de Solidaridad, quien por esos días era cuestionada tras no adherirse al mando único policial propuesto por el gobierno del estado para mejorar la incidencia delictiva en un municipio que, según las estadísticas oficiales, ha empeorado durante los últimos meses. La masacre en un bar de Villas del Sol, en la primera semana del año, fomentó además la presión mediática al respecto.

No obstante, dicha declaración debieran asimilarla representantes, simpatizantes y militantes, no solamente una presidenta. Es decir: en un contexto como el actual, cuando se definen las candidaturas rumbo a las diputaciones locales en juego, y se afirman, con planes y presupuesto propios las administraciones 2018-2021, el aparente “jalón de oreja” debiera interpretarse como que fue lanzado para varios destinatarios, incluidos los que supuestamente se han alineado y están haciendo la tarea.

Fue una palmadita, pero en el fondo también un recordatorio de que la línea dictada desde la Presidencia de la república es trabajar unidos por causas comunes y proyectos compartidos. Y los hay, múltiples y diversos, desde el arranque mismo: programas como “Jóvenes Construyendo el Futuro”, en manos del talentoso Alejandro Encinas Nájera, hasta el emblemático Tren Maya, son ejemplos destacados.

Porque tanto Abreu Marín, como Rafael Marín Mollinedo (ahora coordinador general de Zonas Económicas Especiales y ex delegado de Morena en Quintana Roo), han reafirmado la voluntad de diálogo, colaboración y reciprocidad del Presidente Andrés Manuel López Obrador para cumplir las metas trazadas en equipo.

Lo anterior, no solamente con el gobernador Carlos Joaquín González, cabe precisar, sino con otras figuras del quehacer público y privado. Entonces, los mezquinos y los rebeldes no tienen cabida bajo esa mirada.

En definitiva, el eco de esa manifestación es la que debe perdurar. Inmersos en un proceso electoral y con la necesidad de apuntalar sus aspiraciones individuales o colectivas, las tentaciones no deben superar el ánimo por concretar las misiones que buscan el bienestar de la ciudadanía. Algunos le llaman ser “institucionales”, otros simplemente “coherencia”. Es cuestión de sensatez. Sin humillarse, pero sin estorbar.

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