En turismo, tensa calma

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
@msalinas21

Bastaba que la Organización Mundial de la Salud declarara “pandemia” al Covid-19 para desatar la histeria en el mundo: se desplomaron las bolsas, variaron bruscamente los tipos de cambio y se alteró más el precio del petróleo, ya en vaivenes durante los días previos. Por supuesto, el turismo, que interesa sobremanera en Quintana Roo, no es ajeno a las repercusiones.

Hasta el jueves se habían pospuesto los dos encuentros más esperados: la cumbre mundial programada inicialmente para abril en Cancún y postergada ahora para octubre; y el tianguis en Mérida, el más importante del país, que a 10 días de su inicio fue aplazado hasta septiembre, aun cuando se habían rebasado supuestamente las expectativas.

Es posible que más sean pospuestos o cancelados por prevención. ¿Se demoraron en decidir? Los especialistas aseguran que no: los protocolos establecen fases claras antes de emitir alertas; y para evitar el caos, se calcula fríamente cada declaratoria. Ello explicaría la cautela y el sigilo con que actúan.

Hasta el miércoles, antes de que el presidente estadunidense Donald Trump pidiera a sus conciudadanos “revalorar los viajes al extranjero”, la industria local no acusaba con determinación un golpe duro. La recomendación de no abordar cruceros (lanzada la semana pasada también en Estados Unidos) no era suficiente para confesar la frustración.

Es que no había, oficialmente, cancelaciones de vuelos ni de cruceros; es más: desde Cozumel confirmaban más hoteles flotantes que antes se dirigían a Europa y Asia; y al no poder atracar en esos continentes, eran desviados a puertos seguros como los nuestros.

En tanto, los pronósticos de ocupación rumbo al “Spring break” y la  Semana Santa alcanzaban 90%, sostenían hace algunas horas las autoridades estatales.

Es verdad: con cero casos en el Caribe mexicano (hasta hoy viernes 13 era así) y sin cancelaciones (postergar no es igual, aclaran) no había motivaciones para la zozobra colectiva. Pero también es verdad que cuando se cierra el principal socio comercial y emisor de visitantes, los números tiemblan por sí solos. Las cifras eran positivas hasta hace algunas horas. ¿Ahora? Ya lo veremos.

“Pero estamos preparados”, insisten servidores públicos: unos 70 millones de pesos para la situación en el estado, más capacitaciones y un reconocimiento público del gobierno federal por iniciativas como el control en el aeropuerto cancunense, dan cierta tranquilidad. Reflejan madurez al menos. Aunque los mismos han admitido que el impacto “es inminente”.

La pregunta sin respuesta todavía es de cuánto será el impacto, sobre todo dado el contexto de retos: desde sargazo e inseguridad, hasta una débil promoción turística oficial desde la Federación, pasando por los dichosos recortes presupuestales.

Es un punto de inflexión. Apenas inicia. Deseemos lo mejor.

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