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¿Un Congreso no priista?

Golpe de Mazo

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Los priistas están anclados en aguas desconocidas, con fuerte oleaje que nada bueno presagia. Desde la derrota con contundencia de martillo –ocurrida el lejano cinco de junio –, los tricolores no han definido una trayectoria competitiva para hacer frente al tornado que se avecina, siendo invadidos por incisivas dudas que no les dan un minuto de sosiego.

Como en el cuento de los tres cochinitos y el lobo feroz, los priistas construyeron su refugio con ladrillos del Verde Ecologista y Nueva Alianza, confiando en que retendrían la gubernatura como lo prometía su historial de triunfos consecutivos, algunos más competidos.

Que uno de los suyos haya abandonado el nido para desafiarlos y sacarlos del poder, fue un episodio que desestabilizó su tablero para colocarlos en situación desprotegida en el campo de batalla, ya sin el bastón de mando de una gubernatura que quedó en manos de Carlos Joaquín González, impulsado por repentinos aliados panistas y perredistas cuyo peso fue más aparente que real en la jornada electoral que marcó el antes y después en nuestra historia política.

Lo que ocurra en el Congreso local preocupa y ocupa a un puñado de protagonistas, tomando en cuenta que hay un duelo de vencidas por el control de la Presidencia de la Gran Comisión, pieza indispensable en eso que llaman gobernabilidad.

El primer priista del estado es el gobernador Roberto Borge, quien al abandonar su posición dejará un partido obligado a defender sus posiciones para no recibir el tiro de gracia en los comicios federales de 2018, cuando estarán en juego dos senadurías –la tercera de consolación o primera minoría – y cuatro diputaciones federales.

Las apuestas no favorecen al dirigente priista y diputado plurinominal Raymundo King de la Rosa, pero el PRI sabe defenderse y difícilmente entregará la plaza sin dar batalla. Pero debemos tomar en cuenta que este partido siempre tuvo la gubernatura de su lado, incluso en el turbulento proceso de marzo de 2005 –a la salida del gobernador Joaquín Hendricks–, cuando tuvieron que cederle a Convergencia la Presidencia de la Gran Comisión con tal de desplazar al aguerrido bloque perredista cuyo máximo ídolo era Juan Ignacio García Zalvidea, su candidato a la gubernatura derrotado por el priista Félix González Canto en un duelo reñidísimo.

Los priistas se juegan su supervivencia en estos días, y lo que ocurra en el Congreso local definirá destinos personales y de grupo. A esperar el nombre del futuro mandamás del Poder Legislativo.

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