Fuereños, tema que endiabla a Chetumal

La eliminación del cerrojo para permitir a todo mexicano que pueda ser candidateable a la Fiscalía General del Estado, ejecutada servilmente por el “Congreso del Cambio”, se ha convertido en el tema político de la temporada de huracanes en un furioso océano de asuntos conflictivos, con una violencia tan cotidiana como punzocortante.

Ahora la pelota caliente está en la cancha de los 11 Ayuntamientos, y Cancún (Benito Juárez) dio el campanazo de la jornada con su negativa para eliminar el candado de cinco años de residencia para ocupar esta silla que se le indigestó a Miguel Angel Pech Cen, relevo de un fugaz heredero del ex gobernador Roberto Borge: Carlos Arturo Alvarez Escalera.

Cancún deja con el ojo cuadrado a un Ayuntamiento capitalino presionado a la quinta potencia porque Chetumal es la cuna de un movimiento nativista que defendía con toda la garra el monopolio del reparto de las posiciones políticas y de alta burocracia a los nacidos en esta tierra maya caribeña.

Ese nativismo con su líder moral Jesús Martínez Ross –primer gobernador electo en las urnas en 1975– cercenó al senador Joaquín González Castro cuando intentó ser candidato del PRI a la gubernatura, a principios de 1990. El gallo mostrenco del nativismo fue el senador chetumaleño Mario Ernesto Villanueva Madrid, triunfador en el palenque.

Nacido en Córdova (Veracruz), “El Quino” González Castro llegó a Quintana Roo en 1977, pero el pecado de su oriundez cafetalera le restó puntos en el encontronazo. Este nativismo radical ha evolucionado, o más bien se ha resignado a permitir la entrada de hombres y mujeres con arraigo a la fiesta de gala. Dominamos quienes nacimos en otras entidades pero decidimos vivir aquí, fenómeno acentuado en Cancún, Playa del Carmen y Tulum.

Recuerdo que en la comida anual del nativismo –a mediados de los 90– temblaba el bigote tupido de Abraham Martínez Ross, Branchi, quien con su rayo iracundo fulminaba al obviamente ausente delegado del IMSS por ser chilango o michoacano, exigiendo esa posición para un quintanarroense de cepa.

A Eduardo Martínez Arcila le fue asignado el trabajo sucio de romper ese candado de cinco años, pero esta encomienda pudo corroerle en lo moral porque es el sobrino de Don Jesús Martínez Ross, el patriarca del nativismo. Imaginen a un bisnieto de Abraham Lincoln promoviendo una enmienda constitucional para permitir la esclavitud.

El enfoque político no hay que perderlo de vista, y en la capital palpita como pecho de paloma espantada por el gato. No le digas a un chetumaleño que permita el derecho de pernada porque es moda en el resto del país. Ahora el Ayuntamiento moreno liderado por Don Hernán Pastrana tiene su turno al bat. Ya el doblemente alcalde se pronunció por el no al paso de fuereños para la Fiscalía, fiel a sus convicciones alimentadas en los años de gestación de nuestro estado.

El regidor Manuel Valencia Cardin (PES) votará también en contra –es inflexiblemente congruente en este tema– y sería secundado por la priista María Hadad Castillo, quien como diputada local en el gobierno de Félix González Canto se insubordinó y aplicó el voto de conciencia, votando infructuosamente contra la criminalización del aborto.

Estoy convencido de que la votación en los 11 Ayuntamientos dará el sí a los fuereños, pero no es cosa menor el voto en contra de municipios como Cancún, Playa del Carmen (Solidaridad) y la capital, cuyo peso poblacional es gigante. Pero Bacalar y Cancún valen un voto.

Para Quintana Roo la ganancia será política, pero la oportunidad fue desperdiciada por la bancada del PRI coordinada por el chetumaleño Raymundo King de la Rosa, su ex dirigente estatal. A salvo quedó la diputada priista Leslie Hendricks Rubio, hija del ex gobernador Joaquín Hendricks Díaz, quien reclutó a un puñado de fuereños para ocupar posiciones estratégicas, pero ese es otro cantar.

2 comentarios

  1. creo que el contexto es mal entendido incluso por el “comunicador”, simplemente caa estado tiene leyes propias y un contexto socioeconómico particular, traes a alguien de afuera y no sabe, el costo de su “curva de aprendizaje”; nos cuesta, en ineficiencia y en dinero. Ahi están Bibiano Villa y luego Capella, que ni idea tienen de donde están parados. Habiendo gente capaz en el estado, para que traer a uno hasta mas pendejo que el local?
    Lo que hacen por el chayo

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