La otra pelea

Javier Chávez Ataxca
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Félix González Canto y Julián Ricalde Magaña representan los dos bandos rabiosos de un Quintana Roo dividido y peleado a muerte, y sus chingadazos son el anhelo de cada Bronx con sueños de sangre y mutilados. Vean las reacciones de hombres y mujeres de sur a norte, quienes con pica hielo y dagas tomaron partido sin ser capaces de comprender que ha perdido la política.

Las bofetadas y madrazos entre Félix y Julián ocurrieron ante el gobernador Carlos Joaquín González y selecta clase política, precisamente en el 43 aniversario del nacimiento de Quintana Roo como estado. El simbolismo acompañó ese vals de violencia en el Centro Internacional de Negocios y Convenciones de Chetumal, a unos pasos de nuestro apacible bulevar Bahía.

El ex gobernador priista Félix González Canto es Senador de la República y a nivel local es el político más exitoso e influyente; su mayor pecado: imponer como heredero al también cozumeleño Roberto Borge Angulo, quien contra sus propios deseos alentó la figura de Carlos Joaquín González hasta depositarlo en la gubernatura.

La sombra de Félix predominó en el fallido gobierno –¿gobierno?– de Roberto Borge, quien llevó al PRI a la mayor catástrofe de su historia, dejando una clase política damnificada en todos los estratos sociales y que hasta hoy no puede abandonar la lona; tan devastador para el priismo fue aquel chingadazo electoral del cinco de junio de 2016.

Julián Ricalde Magaña fue presidente municipal de Cancún –postulado por el PRD– y es Secretario de Desarrollo Social en el gobierno de Carlos Joaquín González; Julián es el político más completo del gabinete y alimenta sus anhelos electorales.

El sorprendente encontronazo entre Félix y Julián fue el duelo en la cumbre que representó los anhelos de castigo de un bloque triunfal en cuya canasta conviven priistas en receso, panistas, perredistas y fuereños que están comprendiendo los secretos de nuestra política caribeña.

Para ellos Félix es el cabecilla de una camarilla del mal, villano ponzoñoso que debe ser exterminado por Santo, el Enmascarado de Plata. Y la menor crítica a Julián Ricalde –como sugerir su renuncia– es una maniobra de los agentes malignos etiquetados como borgistas; a este nivel si eres llamado nazi te tratan con benevolencia.

Pero Félix González Canto es un adversario tremendamente peligroso, atrincherado en el Senado y con grupo político compacto. En nuestro patio no hay político más diestro, con un instinto devastador que noquea en segundos, con todo en contra.

 Y Quintana Roo sigue dividido, y esta es la mayor tragedia para todos.

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