Aquellos Informes faraónicos del 26 de marzo

Por muchos años el 26 de marzo fue la fiesta del gobernador de Quintana Roo, porque rendía su Informe autocomplaciente ante un Congreso amigable y hasta lacayuno, lame hue…llas. El faraón llegaba al Congreso del Estado y en su escala inmediata ampliaba su rollo en el Centro Social Bellavista de Chetumal –nuestra capital–, ante gobernadores, invitados especiales y el representante del Presidente.

En uno de sus informes –quizá en 1991– el gobernador Miguel Borge Martín fue interpelado por el diputado panista Miguel Martínez Martínez cuando el cozumeleño del inseparable puro entregaba cifras alegres del sector agropecuario en el Bellavista, a eso de las 12 horas. El panista más íntegro pasó a la historia con esta osadía jamás repetida en nuestro solar caribeño.

El veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios –Secretario de Gobernación con el presidente Carlos Salinas– llegó a un informe de Miguel Borge. Vaya, hasta Juan Gabriel vino a uno de los eventos estelares en 2011 –el primero de Roberto Borge Angulo– y doy por hecho que en el Centro Internacional de Negocios y Convenciones no apartó la mente del Noa Noa, porque “tú estás siempre en mi mente”.

Las blancas y gigantescas máquinas de escribir Olivetti eran ocupadas a fines de la década de los 80 y principios de los 90 por hormigueantes reporteros, corresponsales y enviados especiales que recurrían al Fax, con su aullido desgarrador que prometía la llegada de la nota del día a las redacciones regionales y de la Ciudad de México. La habilitada sala de prensa era la cantina más codiciada, con todo tipo de tragos, manjares y atención que concentraba a Fernando Aguileta (El Universal), Xicoténcatl López Salas (El Día) y tantos amigos, muchos adelantados en el viaje.

La envidia del periodista de casa era provocada por la llegada de los enviados especiales, quienes sin hacer trabajo de campo eran atendidos como Luis Miguel y Paulina Rubio por los diligentes Jefes de Prensa del gobernador. Fidel Samaniego –en paz descanse este diestro de la pluma en El Universal – y Joaquín López Dóriga –columnista del Heraldo de México– eran agasajados a cuerpo de virreyes, porque un minúsculo párrafo de estos intocables era el manjar más codiciado por el inquilino de Casa de Gobierno. Ocasionalmente el chingadazo sacaba de balance a Gina Domínguez Colio, Jefa de Prensa de Mario Villanueva.

Pero las previsibles eran las palabras balsámicas más caras del mercado, deglutidas a primera hora con satisfacción y asombro en la síntesis mañanera, aunque todos coincidían en la veneración del mensaje político del caudillo caribeño, deidad que nos hacía el honor de permanecer en tierra, saludando de mano y de lejos al político e invitado con guayabera blanca, perfumado y afeitado para la magna ocasión. La principal de nuestros diarios derramaba almíbar, con la mejor foto del semidios.

Llovía una muchedumbre de periodistas que pasaban lista, como mis ausentes amigos Carlos Colonia López y Armando Muñoz, “La Horchata”. Otros se pierden en del casillero de mi memoria, como “El Ronco” –Tribuna Nacional– y nuestro Agustín Lara –Prensa Nobel–, un periodista de 75 años, fumador incorregible, cabello lacio con brillantina y siempre con traje sastre, caballero de mesa en el Café Milagros del centro de Chetumal.

Periodistas y fotógrafos de los siete municipios de Quintana Roo —Solidaridad nace en 1993— llegaban al Informe del Príncipe, quien destacaba los nombres de los invitados especiales. “Agradezco la presencia de Don Jesús Martínez Ross”. “Mi esposa, hijos…”

“Quintana Roo está de pie”, aplausos. “Los quintanarroenses no se rinden”, aplausos. “Los mayas están en mi corazón y actos de gobierno”. “Vamos en la ruta correcta” y otro racimo de aplausos de pie, con los Dignatarios Mayas en primera fila. Todo el gabinete atestiguaba la ceremonia anual que detenía la marcha del estado en nuestra capital.

Con la misma expresión de alabanza, gobernadores, alcaldes y empresarios recitaban las bondades del Informe del estadista, cuyo liderazgo provocaba en ultratumba la envidia de, Presidente Lázaro Cárdenas del Río. “Es un Informe realista y su apoyo al turismo es decidido”. “Piensa en su pueblo y lo demuestra”.

Si el Gobernador detenía su mirada y saludaba a la distancia al invitado, este se derretía como si la misma Thalía lo hubiese acariciado con la pupila.

En aquellos años la gubernatura era compartida por chetumaleños y cozumeleños, todos priistas porque no había otro camino para acceder a la política. Entonces José Luis Pech Várguez –senador de Morena– era Secretario de Turismo en la administración de Miguel Borge Martín, quien se detenía en obras de su autoría: la Universidad de Quintana Roo, el Museo de la Cultura Maya (Chetumal), la Casa Internacional del Escritor (Bacalar), El Festival Internacional de Cultura del Caribe y los Corredores Frutícolas.

El Informe más importante de época reciente fue el último del gobernador Mario Villanueva Madrid, la tarde noche del 26 de marzo de 1999. Ante su Congreso local leyó un mensaje político incendiario que tuvo por destinatario al Presidente Ernesto Zedillo. En esas horas amargas el chetumaleño ya sabía que estaba marcado como pieza mayor en la cacería ordenada por el hombre de Los Pinos, quien decidió acusarlo de nexos con el narco para mandarlo a la cárcel, soltando la jauría central de la Procuraduría General de la República (PGR).

El ambiente político era tenso, con el chetumaleño Joaquín Ernesto Hendricks Díaz en el bullpen, preparadísimo para sacrificarse como sucesor de Mario Villanueva, quien antes de acudir al Congreso había inaugurado el Monumento al Comunicador a unos pasos del Instituto Cumbres de nuestra capital. Muchos conocen esa obra como Monumento al Caguamero, sin que este término se refiera a una tortuga de Isla Mujeres.

Al día siguiente –27 de marzo– Mario Villanueva se esfumó en Mérida, donde gobernaba su amigo entrañable Víctor Cervera Pacheco. Pero hoy, hace 21 años, la magia política del Informe fluía en la capital de la grilla.

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