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Busca nuevo tutor

Elder Vega Martínez
Twitter: @eldervega
 
 
Condición.
 
La de triste huérfano político es la que da muestras de empezar a arrastrar el presidente del municipio capitalino de Quintana Roo (Othón P. Blanco), Luis Alfonso Torres Llanes.
 
¿Por qué?
 
Porque le queda más que claro que ni el Partido Acción Nacional (PAN) ni el Partido de la Revolución Democrática (PRD) lo harán de nuevo su candidato para reelegirse en el cargo que ahora detenta y mucho menos a una diputación federal.
 
Y porque simultáneamente evidencia que tampoco cuenta para sus afanes políticos con su compañero en 2016 en la «Coalición Quintana Roo Une» (PAN-PRD), el actual Gobernador Carlos Joaquín González.
 
Pensemos que esto se deba a tantos y tantos compromisos contraídos por el mandatario estatal en el pacto aliancista que fructificó en el apoyo de su candidatura y en la de Torres Llanes, tras abandonar ambos el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
 
Frente a este escenario, y porque el tiempo juega en su contra, Torres Llanes ha empezado a moverse con «sigilo» para contar de nuevo con un tutor partidista. 
 
Tratar de reelegirse sin partido es peligroso —quizás lo condenaría al revés—, porque el ejercicio del poder desgasta, y ello merma su capital político y daña más cuando se cuenta con operadores y colaboradores que poco ayudan en lo interno y en lo externo por ser en su trato, tanto con burócratas municipales como con el público, irracionales, inciviles, y, por ende, detestables y aborrecibles. 
 
Parte de este duro precio es gobernar un municipio endeudado. hipotecado, víctima de una pésima administración en tiempos recientes, y es más agudo cuando se carece de habilidad, como aparentemente es el caso, para bajar recursos federales al municipio.
 
¿De dónde sacar, entonces, recursos para resolver problemas cotidianos, como calles llenas de baches, servicios públicos deficientes y la inoperancia y deterioro sistemático de la Policía Municipal? 
 
Reparar  calles y el creciente problema de desfondes en el primer cuadro de Chetumal es boleto de primera mano de la secretaría estatal de Infraestructura y Transporte (Sintra). ¡Muy cierto!. Pero presionar y exhibir  en defensa propia el desprecio de la dependencia a tales aprietos de la urbe -se moleste quien se moleste-, es boleto de la autoridad municipal.
 
Y esto no es todo. También hacen falta soluciones de fondo a un sinfín de problemas: El de la basura, el del rastro, el de los mercados públicos, el de los lotes baldíos y … 
 
También urgen frutos en materia de turismo y cultura, así como procurar que las alcaldías no sigan siendo “colorinas”, es decir, que sólo reciban una «manita de gato».
 
La escasez o falta de resultados implica, desde luego, un gobierno vacío, sin sustancia, gris, que no ha podido atinar de qué tamaño es el problema que afronta para darle las soluciones reales que prometió en campaña.
 
Así, el apoyo que sirvió para triunfar en las urnas se está convirtiendo en inconformidad, desilusión y muy pronto hasta en repudio popular.
 
Si Torres Llanes cree que recurrir de nuevo al PRI es la “panacea” a su futuro, está equivocado.
 
Un líder sin activo político propio, o bien sin el capital político de un partido, está perdido, póngase donde se ponga. Y Torres Llanes, no hay que olvidar, llegó a la primera silla del Palacio de la avenida Alvaro Obregón al aunarse el voto de tantos priístas con sentimiento de desilusión, decepción con su último gobernante, con los sufragios del pacto aliancista de 2016.
 
Para el PRI, en cambio, el “regreso” sería ideal, porque demostraría a los tránsfugas que el peor de los caminos es renunciar a la militancia sin una estrategia previa,
 
Desde luego, nuestro “huérfano” no llegó en solitario a la Presidencia Municipal de Othón P. Blanco, sino enlazado a otros líderes que buscan cómo zafarse de una alianza fallida en lo post electoral.  
 
Y desde luego, regresar al PRI puede ser la opción menos mala, aunque para ello haya que hacerlo gradualmente, “gota a gota”, y demostrando en los hechos los beneficios.
 
Por ello, Torres Llanes busca su futuro no en Morena sino en un “moreno”, o lo que es lo mismo, con el líder estatal priísta Raymundo King de la Rosa. 
 
Pretende así que su otrora padre partidista en política sea ahora su padrastro (sic), de acuerdo con enterados del conciliábulo.
 
Nada más que Torres Llanes y los “liados” que lo están empujando hacia King deben medir bien los alcances de sus acciones.
 
Y es que el PRI en Quintana Roo parece haber caído en shock, con un dirigente debilitado, que de un lado sufre de inmensa pérdida de popularidad por sus desatinos de cosmopolitismo como legislador federal, la negación en su momento de quien lo llevó a cumbres políticas y lo gris que hoy es como diputado local sumiso. Y, de otro, tiene cubierto gran parte del cuerpo por el oleaje de descontento a su gestión por parte de la mayoría de los gurús de clanes de su partido, desde los más antigüos, como Cora Amalia Castilla Madrid, hasta los más jóvenes, como José Luis Toledo Medina.  Unos y otros le cuestionan, entre tantas cosas, haberse convertido en un dirigente a modo en el nuevo escenario político de Quintana Roo.
 
Volviendo a Torres Llanes, el problema no es tanto cambiar de partido.  No es necesariamente malo ni nocivo cuando es para que trascienda quien sufre la negación de oportunidades merecidas o es echado de una trinchera en la que ha hecho carrera y demostrado talento en beneficio del ciudadano.
 
El quid del asunto estriba en la percepción de la gente cuando el líder cambia de chaqueta a menudo, propiciando que se piense que lo hace por ansias enfermizas de poder a toda costa, arrastrado por la veleidosa y deleznable manera de concebir las ideologías.
 
Ya sabe usted, simultáneamente el político tiene que soportar entonces los apelativos de “»chapulines, trapecistas y saltimbanquis» y los adjetivos de oportunista y desvergonzado que sueltan los adversarios por doquier.
 
Huelga decir que los partidos políticos mexicanos, como son en la actualidad, perdieron su razón histórica de ser. 
  
No aglutinan más a ciudadanos identificados con una ideología, con un proyecto de país, con ciertos principios y programas
 
El viejo principio que decía primero el perfil del candidato y luego éste se perdió, o mejor dicho se invirtió, lo que demuestra que los documentos básicos de los partidos están escritos sobre hielo en tiempos de calor.
 
Vivimos ahora un país de precandidatos más que de partidos, y de candidatos a cuenta del mejor postor.
 
El país no aguanta más este obsceno intercambio de candidatos entre partidos ni un sistema de partidos que no ofrecen nada para modificar el rumbo de un municipio, un Estado o una nación.

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