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Carlos Joaquín nunca engañó a los panistas caribeños

El panismo caribeño se engañó solo, creyendo que el gobernador Carlos Joaquín era uno de los suyos. Y lo presumió hasta la saciedad en sus spots en cadena nacional, omitiendo un pequeño detalle: él nunca se afilió al blanquiazul o hizo el intento. Incluso estuvo muy a gusto con su soltería partidista que sin dilema moral le facilita su gran salto al equipo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, en una de esas como titular de Turismo.

“No estoy afiliado a ninguno de estos partidos. Fui respaldado por ellos para la candidatura a gobernador, es cosa que agradezco y respeto mucho, pero seguiré sin pertenecer a ningún partido. No es que no haya nada, es que no he tenido nada”, expresó ayer Carlos Joaquín, marcando la “enorme distancia” estilo José Alfredo Jiménez.

El exalcalde de Solidaridad hizo todo lo posible por ser precandidato del PRI a la gubernatura en 2015 y a principios de 2016 y pedía piso parejo para competir por la candidatura mayor, pero el gobernador Roberto Borge lo combatió como a un enemigo jurado sin vislumbrar el efecto devastador para su partido, porque provocó su expulsión del paraíso antes de tiempo.

El hermano del exgobernador Pedro Joaquín Coldwell fue candidato externo del PAN y PRD e inyectó el vigor que necesitaban estos partidos para luchar por el trono del Olimpo y lograr la hazaña de destronar al PRI, cuyo candidato Mauricio Góngora Escalante era altamente competitivo, pero al candidato de Félix González Canto le pesó mucho y fue decisiva la despreciada figura de Beto Borge, odiado por la mayor parte de los chetumaleños que aclamaron la candidatura retadora de Carlos Joaquín.

Pero ya en el poder, las figuras del PAN y PRD mostraron sus acentuadas limitaciones y no hicieron sentir su sello en las posiciones que ocuparon o donde permanecen en estado de hibernación, como Francisco López Mena, quien fue imperceptible Secretario de Gobierno y disfruta un sueño ininterrumpido como rector de la Universidad de Quintana Roo.

En otra posición se asoma Alicia Ricalde Magaña, quien desde el inicio del “Gobierno del Cambio” ha disfrutado la titularidad de la Administración Portuaria Integral. Ocasionalmente la exalcaldesa de Isla Mujeres sale a flote con escándalos, agitando al Club Náutico de la capital.

Más exitoso ha sido el desempeño de Eduardo Martínez Arcila, quien ha tenido las riendas del Poder Legislativo por cuatro años, primero como Presidente de la Gran Comisión y ahora como coordinador de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo). Y tiene los astros alineados para que recupere las riendas del PAN y sea candidato al Senado.

De los perredistas, el cancunense Gerardo Mora Vallejo disfrutó la dirección de la disminuida Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) pero no pudo dar el brinco a la diputación plurinominal en el Congreso del Estado. Era simple trámite su llegada a Punta Estrella, pero el PRD estaba tan jodido que ni siquiera pudo rescatar el premio de consolación.

La exdiputada local perredista Jacqueline Estrada Peña –hija de la Ribera del río Hondo– ha permanecido como titular del Instituto de la Cultura y las Artes con resultados microscópicos, más atribuibles al escaso flujo presupuestal que provocó la nueva cancelación del Festival de Cultura del Caribe, aunque la pandemia del Covid es excusa perfecta para dejar de hacer.

Pero además panistas y perredistas fueron desplazados de las candidaturas a presidencias municipales desde 2016, casi siempre por expriistas ligados a Carlos Joaquín. Nombres: Luis Torres Llanes (Othón P. Blanco), Cristina Torres Gómez (Solidaridad), José Esquivel Vargas (Felipe Carrillo Puerto), Víctor Mas Tah (Tulum), Sofía Alcocer Alcocer (José María Morelos), Lili Campos Miranda (Solidaridad) y Juan Ortiz Cardín, derrotado por Morena en la última batalla por la alcaldía capitalina.

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