El desalmado hábito de patear trabajadores indeseables

El empleado del sector privado y del gobierno en sus tres órdenes –municipal, estatal y federal– ha sido el pelotón más vulnerable y desprotegido cuando llega la hora de prescindir de sus servicios, por causas que incluyen el adelgazamiento de la nómina, revanchismo político y la necesidad de abrir cancha a los aliados, esos que participan en la campaña del candidato o que son los recomendados o hijos del compadre o la comadre.

Los recortes han sido la práctica común y los desalmados directores administrativos tienen los mismos genes glaciales cuando llega la hora de enviar a la calle a un empleado, a menudo decenas en una lista que engloba dramas personales y familiares.

El hostigamiento laboral ha sido el recurso más empuñado para reventar a un trabajador. Ocurrió con un fatal desenlace el 21 de diciembre de 2016, en el amanecer del gobierno de Carlos Joaquín González, cuando Rosa Elena Lozano Vázquez –secretaria de Desarrollo Económico– atizó las condiciones para hacer la vida imposible al chetumaleño César, un eficaz trabajador de edad madura cuya delicada salud se fue complicando por la presión laboral chingativa, hasta llevarlo a la tumba.

Familiares de César presentaron una queja ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos contra Rosa Elena, Rolando Mario Méndez Navarro –subsecretario de Planeación– y Julio Eliezer Manzanero Salazar, director de Planeación. Nada pasó.

Un dato muy importante: Rosa Elena es chetumaleña y atizó la presión contra otro chetumaleño entregado a su labor técnica. Rosa Elena no puede fingir desconocimiento de una cruel ofensiva destinada a reventar a Don César. Doy por hecho que Rosa Elena y sus alfiles no querían matar al indeseable trabajador, pero sus acciones provocaron este desenlace y los familiares de César recurrieron a Derechos Humanos con el expediente del brutal e incesante acoso sistemático.

Las injusticias fluyen en empresas y gobiernos cuando llega la hora de patear al trabajador. La reingeniería ordenada por el gobernador Roberto Borge Angulo en el segundo semestre de 2013 fue despiadada y dejó en el desempleo a cientos y cientos de chetumaleños, cuyo rencor por los despidos explica en gran parte la derrota del PRI en los comicios de 2016. Rosario Ortiz Yeladaqui había asumido que estaban dispuestos a pagar el costo político de esa decisión, y los electores les pasaron las facturas.

Todo gobierno tiene que proteger las fuentes de empleo porque son la única balsa de las familias en altamar. Pero cuando los políticos no tienen alternativa están obligados a entregar las liquidaciones justas. Lo infame ocurre cuando los directores administrativos abusan de su fuerza para doblegar a los trabajadores sentenciados al desempleo, forzándolos a aceptar migajas por décadas de trabajo.

Ayuntamientos y el gobierno federal en las delegaciones –en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador– han abusado de su musculatura para desechar a cientos de trabajadores indefensos, porque los mecanismos para su protección son lentísimos y es complicadísimo para el empleado despedido recorrer este camino cuesta arriba.

Periódicos como El Por Esto de Quintana Roo figuran en la lista de empresas que patean a sus trabajadores, tal como ocurrió recientemente en la tienda de Asis Telas –ubicada frente a la Clínica Campestre de Chetumal–, donde fueron despedidos más de 30 empleados con liquidaciones raquíticas.

El gobierno en sus tres órdenes carece de autoridad moral para alzar la voz y decir “no se vale”, porque este manual todos lo aplican como plan A.          

Cancún, entre dos infiernos: crimen y 217 muertos por Covid

Cancún sigue entregando números gravísimos con el Covid-19 y desequilibra con sus muertos y enfermos el parte de guerra de Quintana Roo. El crimen con sus manifestaciones sangrientas ya nos había herido de muerte y de golpe amanece esta enfermedad viral que ha provocado y sigue causando el naufragio de muchas economías modestas y vigorosas, desde Chetumal hasta Isla Mujeres.

Azotado por la lluvia de matanzas, el polo turístico norteño de Cancún también concentra el mayor número de casos de Coronavirus: mil 067 casos positivos acumulados y 217 muertos. Lo positivo es la recuperación de 609 pacientes.

Pero hay un dato muy grave: hay 58 casos más de Coronavirus en Quintana Roo de un día para otro, al saltar de mil 383 a mil 441. Cancún tiene 45 enfermos y seis muertos más, en 24 horas.

Playa del Carmen tiene que contemplarse en el espejo de Cancún, con sus 250 casos positivos acumulados y 36 muertos. De un día para otro tiene siete enfermos más y otro muerto. En ese municipio de la Riviera Maya se han recuperado 111 pacientes.

En nuestra capital hoy se confirma otra muerte, para un total de nueve fallecidos. Hay dos casos positivos más, para un total de 46 acumulados. Lo positivo: hay 21 pacientes recuperados.

El Covid-19 es el venenoso invasor que arrodilla a una entidad que soportaba los estiletazos de una delincuencia fuera de control y contra la que ha fracasado el Mando Único de Jesús Alberto Capella Ibarra, Secretario estatal de Seguridad Pública. También ha sido desbordado el Fiscal General del Estado, Óscar Montes de Oca Rosales.

Tres expedientes muy complejos ha enfrentado el gobernador Carlos Joaquín González:

1.- La corrupción en serie de su antecesor priista Roberto Borge Angulo, preso en el Centro Federal de Rehabilitación Psicosocial (Ceferepsi) del estado de Morelos. El borgismo condenó al infierno al priismo caribeño, despreciado con mayor rabia en la capital chetumaleña.

2.- El crimen desbordado en Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Felipe Carrillo Puerto, Bacalar y Chetumal. Las ejecuciones por los ajustes de cuentas y la eliminación de la competencia se mezclan con asesinatos, feminicidios, violaciones, privaciones de la libertad y secuestros.

3.- El Covid-19 con efectos de tiro de gracia porque aniquila el potencial competitivo de una entidad que directa e indirectamente vive del turismo y del comercio, ya que su industria de la transformación es prácticamente inexistente.

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