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El chetumaleño tiene que encabezar la mejoría de su capital

Políticos, sector privado y cada chetumaleño de bien tienen que participar en la recuperación de nuestra ciudad capital, desmadrada como nunca y con acelerada tendencia al deterioro desde la entraña, porque el capitalino ha ido perdiendo identidad y ese cariño por su gran casa que disfrutó décadas de esplendor.

El flanco político es parte de los males porque su último gobernador fue Joaquín Ernesto Hendricks Díaz, quien habitó Palacio de 1999 y hasta 2005, cuando instaló como sucesor al joven cozumeleño Félix González Canto y bloqueó al senador priista chetumaleño y además su compadre: Eduardo Ovando Martínez.

Pero Hendricks desperdició su oportunidad de trascender positivamente, porque nunca debió financiar la Megaescultura del chihuahuense Sebastián que permanece anclada en la bahía de Chetumal, absorbiendo aproximadamente 300 millones de pesos desde entonces. Erró en las prioridades y se apoyó mucho en fuereños.

Joaquín Hendricks no pudo comprender su responsabilidad histórica, porque estaba de por medio la oxigenación de una clase política que contaba con figuras fogueadas y las desplazó por resentimiento o desconfianza, como Jorge Polanco Zapata, Sara Esther Muza Simón y Joaquín González Castro, El Quino, una figura con proyección estatal que tuvo la gubernatura al alcance de la mano en dos procesos sucesorios y quedó en la orilla, como la antigua Holanda en los mundiales.

Y en lo que demuestra que no hay peor enemigo de un chetumaleño que otro de casa, Hendricks bombardeó a Lizbeth Loy Song Encalada para tomar por asalto el Poder Judicial, echando mano de una reforma a ese poder que se le atragantó en el Congreso local a otra chetumaleña que siguió instrucciones de Palacio: Rosario Ortiz Yeladaqui.

La confrontación entre chetumaleños fue creando las condiciones para su expulsión del paraíso, porque una familia dividida tiende a perder sus posesiones, como ocurrió a partir de 2005, aunque hay que reconocerle a Félix que incorporó a su equipo a capitalinos de valía, comenzando por la mejor alcaldesa de toda nuestra historia, incluyendo a los machitos: Cora Amalia Castilla Madrid.

Pero con Félix llegó Andrés Ruiz Morcillo como alcalde a partir de 2008, desmadrando a un municipio tan saludable que acabó mega endeudado y con un negociazo de las lámparas de Leds cuyó cuentón sigue arrastrando nuestro Ayuntamiento.

Morcillo acabó jugando en el equipo del Doctor José Luis Pech cuando fue candidato del Movimiento Naranja a la gubernatura.

Manuel Valencia, un valor chetumaleño que no debe ser desaprovechado

El chetumaleño dividido estaba condenado a la perdición y así ocurrió con efectos visibles hasta estos años, porque el capitalino dejó de ser mandamás para asumir la condición de segundón a merced del estado de ánimo de la nueva clase política impulsada por Félix González Canto, quien aprovechó la destreza de Manuel Valencia Cardín para contar con un Congreso altamente efectivo a partir de 2005.

Voy a detenerme en Manuel Valencia, quien hizo historia porque fue el primer Presidente de la Gran Comisión del Congreso que no llegó con la casaca del PRI porque era diputado plurinominal de Convergencia, ahora Movimiento Ciudadano.

Fuera del Congreso fue un brillante Secretario de Cultura con Félix. De hecho, el creador de la iniciativa para el nacimiento de esa secretaría fue el mismo Valencia como diputado estelar.

Las lenguas viperinas de triple filo acusan a Valencia de ser un producto de Beto Borge porque fue su secretario particular, sin tomar en cuenta que cuando a Beto le estaba dando el partero la palmada en las nalgas ya Valencia desempeñaba una encomienda en el gobierno del chetumaleño Jesús Martínez Ross, nuestro primer gobernador electo en las urnas.

Valencia comenzó apoyando a Mara Lezama y cerró en el equipo de Laura Fernández, un detalle que no debe bastar para dejarlo fuera de la jugada en el gobierno de Mara, quien en un gesto político incluyente estaría incorporando a su equipo a los políticos valiosos que jugaron en otros equipos sin caer en la guerra sucia, porque las puñaladas no se perdonan.

Mujeres y hombres de Chetumal abundan, aunque no han accedido a posiciones de poder que les permitan lucir su talento. Han estado incluso fuera del servicio público, pero tienen capacidad comprobada para hacer muy buen papel donde los coloquen.

Mañana les digo más…

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