Empresarios perversos vs. el Ifeqroo

Un porcentaje significativo del sector empresarial de nuestro estado fue parasitado por las prácticas perversas de gobiernos priistas que con Roberto Borge alcanzaron niveles más destructivos. Cuando se habla de actos de corrupción los reflectores omiten a estos hombres honorables de la iniciativa privada, acostumbrados al arreglo en la penumbra para ser beneficiados al por mayor con contratos de obra pública que fluyeron como el conteo del botín en la cueva de Alí Babá.

Con el cemento de la complicidad estos empresarios caribeños pisotearon normatividades de la federación y el estado, amparados por el amiguismo y las sociedades tan lucrativas, viento en popa con Roberto Borge y sus aliados sembrados en dependencias clave.

Fueron frecuentes las escuelas inconclusas y con calidad deficiente, pero esta basura era puntualmente recompensada por el gobierno del estado a través de su Instituto de Infraestructura Educativa (Ifeqroo) que el gobernador Carlos Joaquín González dejó en manos de un chetumaleño íntegro: Abraham Rodríguez Herrera, quien demolió estas prácticas a tono con el gobierno del cambio.

Pero este bloque de empresarios consentidos a base del chantaje –su única moneda de plata– pretende imponerse para reactivar el pacto que disfrutaron en el venenoso borgismo. Exigen que siga vigente el acuerdo entre hampones que se reparten contratos como diamantes, con licitaciones teledirigidas.

La osadía fluye en quienes están impedidos para participar, al estar en la lista negra de la inhabilitación para concurso de obra por graves irregularidades que antes fueron solapadas porque bailaban en pareja con malos servidores públicos, hoy apartados de las posiciones donde tanto daño hicieron por su vocación de sanguijuelas.

El Ifeqroo ha sido un símbolo del giro de 180 grados ocurrido en el gobierno de Carlos Joaquín, quien depositó en Abraham Rodríguez una delicada responsabilidad que niega la opción del fracaso, ya que serían defraudados los quintanarroenses que votaron por el cambio real y tajante.

Con Roberto Borge y su equipo infame engordó un grupo de empresarios que chapoteó en aguas nauseabundas, acumulando contratos para obra en el Ifeqroo y otras dependencias, librándose de la condena social porque todo mundo cree que los únicos culpables son los funcionarios borgistas.

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