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Escupe Arcila a los quintanarroenses

Sin Anestesia

Evidenciando un genuino desprecio hacia los profesionales que produce nuestro estado, el nuevo virrey del Congreso local, Eduardo Martínez Arcila, entregó la jefatura de prensa de la Legislatura a Sergio Jiménez, una “eminencia” del centro del país, al considerar que en todo Quintana Roo no existe una sola persona capaz para realizar con eficiencia las labores de esa posición.

El panista, quien ocupa la presidencia de la Gran Comisión por pura suerte, gracias a un cobro de facturas de su partido con el gobierno de Carlos Joaquín González, ha hundido su ya de por sí pobre imagen pública por sus excesos y decisiones cuestionables, que hoy tienen al Congreso local en la mira de la ciudadanía.

arcila-vehiculosDerroche innecesario, vuelos privados continuos de Cancún a Chetumal y viceversa, lujosas camionetas para trasladarse él y su gente, rentas costosísimas en el exclusivo fraccionamiento Andara con cargo a las cuentas del Legislativo, son escándalos menores si se comparan con su desempeño como mandamás del Congreso.

Porque Martínez Arcila está replicando todo lo que criticó con fiereza en el pasado, abriendo puestos de trabajo para sus cuates, mientras aterroriza al personal que labora en el Congreso que saben que pueden ser despedidos a la menor provocación.

Así lo hizo en el área de prensa, donde su ex titular, la chetumaleña Idalia Carrillo Beltrán, fue echada a la calle de la noche a la mañana con una explicación tan ambigua como cobarde: “tenemos estilos diferentes de trabajar”, fue el argumento del autoritario virrey.

Además, a pesar de que proclamó a los cuatro vientos que no había dinero culpando a la anterior Legislatura hasta del más mínimo pecado, apenas al tomar el poder milagrosamente  tuvo presupuesto para contratar a una jefa de prensa exclusiva para la zona norte, Nelsy Silva, directora de un intrascendente sitio de noticias de Cancún, cuyas funciones nadie tiene claras, pero cobra, y cobra muy bien.

Tras correr de mala manera a la titular de la oficina de comunicación social, colocó en su lugar de manera interina al comunicador Omar Rodríguez, quien conoce muy bien el terreno de los medios locales. Le tomó varias semanas buscar a quien sería finalmente su jefe de prensa, porque al parecer en Quintana Roo no existió nadie que llenara los requisitos de Arcila, y se decantó por un foráneo de la Ciudad de México.

carlos-mario-villanueva-008Esta decisión unilateral de Martínez Arcila tuvo que ser avalada por los otros miembros de la Gran Comisión, entre ellos Carlos Mario Villanueva Tenorio, quien es una decepción porque su padre nunca permitió el ingreso de fuereños e incluso pecó de nativista.

Con esta acción, Eduardo Martínez escupe a la cara a miles y miles de profesionistas quintanarroenses capaces y proactivos, que no encuentran oportunidades de empleo, mientras puestos de primer nivel se entregan en bandeja de plata a personas ajenas al estado por los complejos de inferioridad de un diputado más tropical que caribeño.

Lo peor del caso es que si Arcila piensa que un jefe de prensa chilango lo va a salvar del descrédito al que lo han llevado sus acciones, está muy equivocado. Ningún jefe de prensa tiene la capacidad de maquillar su deplorable desempeño, menos aún si sigue empeñado en cumplir cada uno de sus caprichos, tal como lo hacía en la presidencia de su partido, de donde estuvo a punto de ser echado a patadas por sus propios militantes.

 Tal como están las cosas en el Congreso, donde las mentiras del Presidente y su camarilla de la Gran Comisión son cada vez más evidentes; donde el dinero se derrocha en “juguetitos” electrónicos de cuatro millones de pesos que ni siquiera funcionaron como se debía en el momento de su estreno; donde los contratos de compra no se licitan, sino que se otorgan de manera directa a empresas recomendadas, trabajo sucio que realiza el “alegre” Oficial Mayor Gustavo García Utrera; Eduardo Martínez Arcila podría traer a un equipo de premios Pulitzer del New York Times, y ni así podría lograr salvar su imagen.

La desesperación del diputado Eduardo por prensa favorable tiene un trasfondo claro: las elecciones de 2018, pero no entiende que esto no depende de su oficina de prensa, sino de talento político, atributo del que claramente carece.

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