Fin del “factor Arcila” para el gobierno de Carlos Joaquín

Luciano Núñez
(grupopiramide.com.mx)

En política –como en el fútbol, diría mi Tío Dardo– una estrategia no funciona en situaciones diferentes. Lo que puede ser útil para gobernar, no lo es para una elección, porque claro, son asuntos bien diferentes. Mientras en una etapa se construye tratando de integrar a todos los actores, se buscan mecanismos para dar gobernabilidad; en una elección -o previo a ella- lo que se buscan son votos, votos y más votos. Para mantener el poder o para salir mejor parado.

En ambos casos es necesario tener detrás quien ponga la papeleta en las urnas. Lo que busca desde ahora el gobernador Carlos Joaquín es una salida digna de su gobierno, que ha tenido varias pestes bíblicas en su transcurso: baste mencionar la extrema violencia orquestada desde la oposición en el inicio de su sexenio; la llegada masiva de sargazo y ahora, como si faltara algo, la pandemia.

En ese proceso, es decir, de gobernanza, el PAN ha sido su mejor y fiel aliado. Un partido que quedó en manos, en el primer tramo de gobierno, en manos diputado Eduardo Martínez Arcila, quien ha sabido responder a las iniciativas presentadas por el Ejecutivo, mantener en raya a la oposición, y en el camino, desapareció 100 millones de pesos, como lo ha denunciado la asociación civil, Somos Tus Ojos. Ahora lo hace a través de un líder isleño que poco o nada ha aportado en un libreto que se sabe, no escribe ni tiene la capacidad de hacer. Sólo recibe el discurso.

Repaso electoral

Una rápida mirada a dos procesos electorales que transcurrieron durante el gobierno de Carlos Joaquín dicen, por sí mismos, que lo electoral ha sido un fracaso para el PAN. En el proceso federal pasado Morena se quedó con todo: Los cuatro diputados federales y las senadurías, ahora en manos de José Luis Pech y Marybel Villegas, principal ariete contra el Ejecutivo, que por otro lado: ¿Qué más podría hacer?

En esa elección los municipios más importantes quedaron en tierra Morena: Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco. Sólo quedó en ese rescate Tulum, Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos, en lo que queda del PRD. Sencillamente Morena se quedó con lo más valioso y se mantuvieron en pie dos islas del PRI: Mujeres y Cozumel.

En el siguiente proceso electoral para renovar el Congreso local, el partido creado por Andrés Manuel López Obrador se quedó con la mayoría del Congreso: ganó 11 de las 15 posiciones por voto directo. Aún así, se sabe, que el Congreso responde a las líneas del Ejecutivo que el grupo panista ha aceitado desde el Congreso pasado. En pocas palabras, esa estrategia ha sido funcional para transitar buena parte del gobierno azul. Ya no.

Sin embargo, lo que necesitará el gobernador para una salida cómoda serán votos para lograr presidencias municipales que podrían traducirse el próximo año en curules. Ahí es donde el partido de Gómez Morín adolece: no cuenta con candidatos ni tiene un partido cohesionado.

En este tramo de gobierno que viene, el factor Arcila y su cada vez más reducido grupo, con esa dinámica sectaria, no es funcional; como diría Dardo, lo que necesita el Gobernador son goles, ganar partidos, goleadores. Los números están ahí: el PAN no se los ha dado. Y con marchas fifis desde el carro en Cancún, donde tienen todo perdido, se presume que la empresa será aún más complicada. Más aún si, en una negociación, Arcila busca como en el proceso pasado, ser plurinominal federal.

Los números por ahora dicen que Morena gana en los cuatro distritos federales, en el municipio más grande que es Cancún, donde Mara Lezama ha transitado en solitario sin nadie a los costados. Su reciente incorporación del regidor más combativo, Issac Janix, le ha sumado a la causa y le restó un problema. Nada mal.

La lógica de MORENA

En la lógica esencial de AMLO lo que él necesita son diputados que defiendan las leyes con las que ha avanzado en sus estrategias de gobierno, de priorizar a los sectores más vulnerables, más pobres.

En ese sentido, no se ve resignando ni un solo distrito. Sin embargo, los municipios serán tierra de pugna por la supervivencia, buscando luz en la salida de gobierno. En esa dinámica, seguir confiando a un grupo del PAN las elecciones, sería una jugada por demás arriesgada, a la luz de los resultados citados.

En 2022 se renovarán el ejecutivo y los diputados locales, el día D para el gobernador: jugándose ese día un congreso que podrá ponerlo contra las cuerdas o dejarlo irse tranquilo. Durante la pandemia el Gobernador ha sabido gestionarla; según la encuestadora Mitofsky su desempeño fue creciendo hasta lograr un dignísimo 48 por ciento de aprobación, otras lo han ubicado más abajo, pero seguramente es el mejor tramo de su gobierno, pese a las vicisitudes narradas más arriba. No ha contado con fortuna su sexenio.

La semana pasada tuvo una seria recaída el Ejecutivo con la salida de Paula Cetina, por el caso de los mil millones de CAPA del gobierno pasado que encabezó Roberto Borge, hoy preso. Si saliera al menos otro de los presos que dejó su gobierno, como Mauricio Góngora y compañía, sería una baldosa muy peligrosa para la gobernabilidad y, lógicamente, para el tránsito de su última etapa, en la que sólo los votos podrán blindarlo con una red, y cambiar al Congreso de guinda a otros colores de menor riesgo.

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