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Gubernatura, una apuesta de alto riesgo

Pena Capital

Javier Chávez
Novedades Chetumal
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La sucesión gubernamental es el deporte favorito de la temporada, ya que además de la función estelar la cartelera incluye presidencias municipales y diputaciones locales. El proceso avanza como un huracán en el Océano Atlántico, ya que el fenómeno meteorológico mantiene en vilo a muchas almas, sorprendiendo con sus cambios de trayectoria y acopio de energía descomunal.

El gobernador Roberto Borge mantiene firme el timón a estas alturas, y como pocos antecesores puede presumir sus cuentas asombrosas: las 10 presidencias municipales en manos de priistas y el Congreso del Estado dominado por su partido, al grado de convertir a la oposición en diligenciera que presurosa va por las tortas y refrescos a la lonchería, aplicando de inmediato masajes relajantes con aceites aromáticos a don Pedro y compañía. 

Quien se atreva a vaticinar la zona de impacto del coloso marino hace una apuesta de altísimo riesgo, y puede ser presa de una depresión tropical. Recuerdo la primera batalla que presencié, cuando muchos apostaron su resto a favor del senador Joaquín González Castro, creyendo que derrotaría a su homólogo Mario Ernesto Villanueva Madrid en el cuadrilátero.

El 99 por ciento de la clase política priista le hizo el feo a Joaquín Hendricks cuando acudió a solicitar su registro como precandidato a la gubernatura a principios de septiembre de 1998. Igual suerte corrió Sara Esther Muza Simón, ya que la línea estaba trazada a favor de Addy Joaquín Coldwell, quien contó con el apoyo multitudinario de priistas significativos, incluidos alcaldes como Fidel Villanueva Madrid, primo del gobernador y mando principal en Isla Mujeres.

En el proceso de 2004 rumbo al relevo de Hendricks había dos retadores muy fuertes: Eduardo Ovando Martínez y Víctor Alcérreca Sánchez, derrotados por Félix Arturo González Canto.

Y en 2010 Roberto Borge derrotó a Carlos Joaquín González y Eduardo Espinosa Abuxapqui.

La ruleta hoy cuenta con figuras con poderío digno de tomar en cuenta, como el chetumaleño Raymundo King de la Rosa, quien lleva las riendas del PRI a nivel estatal. Para sorpresa y desencanto de muchos, salió bien posicionado en la más reciente encuesta ordenada por César Camacho Quiroz, antes de abandonar la dirigencia nacional.

King de la Rosa puede hacer política en todo Quintana Roo y tiene presencia permanente en medios de comunicación. Y acaba de desalojar su curul como diputado federal, cuyo informe de despedida tuvo una difusión multitudinaria, criticada por otros tantos.

Eduardo Espinosa Abuxapqui ya reflexionó sus errores de 2010 y vuelve a la carga a bordo del reumático pontón de Othón P. Blanco. El alcalde capitalino sabe que pase lo que pase no se marchará con las manos vacías.

¿Quién se atreve a descartar a los chetumaleños?

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