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La oposición sigue roncando en Chetumal

Pena Capital

Javier Chávez
Novedades Chetumal
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En contadas capitales se detecta un desequilibrio tan acentuado en la formación de cuadros políticos, ya que en Chetumal gran parte de la población está ligada al PRI o es atrapada en la irresistible órbita de este partido que todo lo abarca y enamora, dejando un espacio muy limitado para quienes se animen a participar en la oposición.

El carnaval priista para la elección de su candidato a la presidencia municipal capitalina muestra un variado juego de cartas, comenzando por Pedro Flota Alcocer e incluyendo a Arlet Mólgora Glover y Alondra Herrera Pavón, quienes impulsadas por la equidad de género pretenden arrebatarle el venado al Presidente de la Gran Comisión del Congreso.

pedro flota y arlet1El chetumaleño de la colonia sabe que el PRI tiene el triunfo garantizado en la alcaldía de Othón P. Blanco (Chetumal), y por ello apuesta a lo seguro cuando llega el momento del relevo. Porque basta con la selección de candidato tricolor para que se agiten voluntades y medio mundo parta al encuentro del próximo alcalde, como ha ocurrido desde 1975.

Y los contrastes son abismales porque el PRI acumula vigor electoral, mientras sus oponentes son más quebradizos, con consistencia de polvorón la hora de competir.

Mención aparte merece el surgimiento del partido Convergencia, que en el proceso de 2002 se plantó como un marrullero retador, llevando a Guilbert Canto Massa como su candidato a la alcaldía capitalina, disputando el cinturón al priista Eduardo Espinosa Abuxapqui.

Convergencia floreció en los primeros años del gobierno de Joaquín Hendricks Díaz, quien dejó sueltos a sus demonios en un arrebato de soberbia: Joaquín González, Castro, Jorge Polanco Zapata, Roberto Erales Jiménez, Nahum Fuentes Morales (en los cielos), Mario Bernardo Ramírez Canul, Javier Cal López, Manuel Valencia Cardín, Martha Morga Arias, David Alvarez Cervera, William Souza Calderón y el ex gobernador Jesús Martínez Ross.

Esa legión de ex priistas eclipsó el semblante de Hendricks, quien en la elección local de 2005 contempló el desplome de sus caballos y alfiles en varios frentes distritales, como su compadre Moisés Pacheco Briceño, Cecilia Loría Marín y Arturo Fernández Martínez, doblegados en el sur por Juan Carlos Pallares Bueno, David Alvarez Cervera y Mario Rivero Leal, postulados por la chispeante coalición PAN-Convergencia.

Convergencia demostró de 2002 a 2005 que era posible competirle al PRI sin ser esos bultos que le envían al “Canelo” Alvarez. Porque el médico Guilbert Canto fue un adversario que disputó con bríos la alcaldía a Abuxapqui, quedando en la tercera posición.

Estas figuras contestatarias con enorme presencia están ausentes en la capital del estado, donde el priista que obtenga la candidatura pompeyense solo tiene que cumplir con el ritual de la campaña, confeccionando su equipo de colaboradores para la suculenta encomienda.

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Emiliano Ramos, dirigente estatal del PRD

En el actual escenario destaca la putrefacción de un perredismo que emergió en el sur a fines de la década de los 80 con una musculatura que exigió al máximo al PRI, con Miguel Borge Martín en la gubernatura.

Refugiado en Cancún, el PRD abandonó el sur para dejar a los priistas como amos del ring. Y con el proceso electoral casi en marcha el perredismo no tiene una sola figura digna de mención, una tragedia porque hablamos de la capital de un estado, posición estratégica en cualquier latitud.

Morena ganaría terreno en esta elección, pero difícilmente pueda amenazar a un PRI que ya tiene la silla municipal en sus manos, desenlace que desanima a los electores que prefieren desplomarse en el confort del abstencionismo.

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