NotasPrincipales

La salud no es para los pobres

Punto Final

Jorge Cruz Escalante
Novedades Chetumal
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Un verdadero calvario tienen que soportar las mujeres que por falta de recursos económicos, se ven obligadas a tratarse en instituciones de salud públicas, que fieles a su costumbre, son entes burocráticos que no resuelven nada pero sí se convierten en un obstáculo para la atención de la salud, que es un derecho constitucional de todos los mexicanos. 

Un ejemplo es la Unidad de Especialidades Médicas (UNEME), dependiente de la Secretaría de Salud del gobierno federal, que se ubica a las afueras de la ciudad de Chetumal y hasta donde diariamente acuden señoras y señoritas para hacerse alguna mastografía, un ultrasonido o cualquier otro estudio para descartar algún problema de salud grave como el cáncer.

El objetivo del UNEME, según sus propias palabras, es  proporcionar atención integral, interdisciplinaria y con enfoque bio-psico-familiar, que coadyuve a disminuir los actuales índices de saturación y costos de operación en los hospitales y mejore la calidad de vida de los pacientes.

hospital generalEso es lo que pregonan, sin embargo, la realidad es muy diferente, porque las personas que se realizan un estudio, tienen que esperar hasta seis o siete meses para saber los resultados de los mismos, con la incertidumbre de no saber si padecen de cáncer u otra enfermedad grave.

La desgracia de ser pobre se traduce en que a nadie en el UNEME le importa la salud de las mujeres que carecen de recursos para atenderse en una clínica particular; más bien, ese organismo se ha convertido en un aparato burocrático para colocar a empleados sindicalizados que no tienen ni la mínima idea de cómo tratar a las pacientes.

El edificio de la UNEME está aún en construcción, pero de nada servirá contar con una infraestructura moderna y funcional, si continúan las prácticas burocráticas, que en una institución de salud, pueden traducirse en problemas serios para los pacientes que buscan apoyo para su tratamiento.

Pero si uno piensa que las penurias de las mujeres terminan ahí, no es así; después de esperar muchos meses para conocer los resultados, las canalizan al centro de salud que les corresponde según su domicilio, pero ello lleva otro tiempo, hasta que casi por obra de alguna intervención divina, llegan al Hospital General de Chetumal y ahí empieza otra historia de terror.

Primero hay que esperar a que el médico llegue a su consultorio, casi siempre dos o tres horas después de lo establecido en su horario de trabajo, sólo para que en cinco minutos le diga a la paciente que debe hacer otra cita médica, que obviamente se llevará otros cuatro o cinco meses.

Como es de esperar, la sensibilidad de algunos doctores sólo existe en el papel, no en la realidad, al grado de que hay quienes piensan que las pacientes son un estorbo, pero que hay que atenderlas porque están obligados a hacerlo.

¿Se imagina que una mujer tenga cáncer y no reciba el tratamiento adecuado, sólo porque los resultados de sus estudios tardan muchos meses, después haya que seguir un procedimiento burocrático hasta llegar con un médico, que le “regala” cinco minutos de su tiempo para decirle que haga otra cita que por supuesto tarda otros meses?

No sirven de nada los buenos propósitos de las instituciones de salud, si continúan con sus prácticas de tortuguismo burocrático que no sólo provocan desánimo entre las pacientes, sino que inclusive podrían impedir un tratamiento a tiempo que salve una vida.

Lo dicho: en este país los pobres sólo valen cuando los políticos entienden que pueden sacar provecho para satisfacer sus intereses personales, ya que al final de cuentas, la masa marginada es manipulable para cualquier fin, no importa lo mezquino que éste sea.

El derecho constitucional a la salud es sólo letra muerta en muchas instituciones médicas públicas, lo cierto es que mucho de lo que se dice abiertamente, se estrella con una realidad muy distinta y penosa para mucha gente cuya única desgracia es ser pobre.

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