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Las dos nuevas Magistradas

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De las dos primeras ternas que fueron enviadas por el Ejecutivo a sus dominios, el Congreso local seleccionó a dos mujeres con cartas credenciales de excelencia para ocupar las primeras magistraturas numerarias vacantes del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Otras dos ternas están en formación, con un reclamo de rigor para fortalecer ese poder tan exigido y no siempre efectivo, atrapado incluso en el escándalo.

Norma Loría Marín y Manuel Avila Fernández concluyen su período a fines de octubre, y dos mujeres van al relevo. La noticia es muy buena para las mujeres que batallan por más posiciones clave en todos los niveles de gobierno, pero sobre todo a nivel social hay certeza de confiabilidad, evaluando el perfil y trayectoria de ambas.

Adriana Cárdenas Aguilar es cozumeleña, tiene 37 años y cursó estudios superiores en el Centro Marista de Estudios Superiores de Mérida, Yucatán. Desde 2003 acumula experiencia profesional, siendo Actuaria del Tribunal Superior de Justicia de nuestro estado y actualmente Secretaria de Estudio y Cuenta del mismo Tribunal, adscrita a la Séptima Sala Especializada en Materia Penal, con sede en Cancún.

Tiene un diplomado en narcomenudeo y derecho procesal penal, y un curso sobre el nuevo proceso penal acusatorio y oral, tan vital en los dominios de la impartición de justicia.

Mariana Dávila Goerner nació hace 36 años en el Distrito Federal y el Bachillerato lo cursó en Cancún, donde estudió la licenciatura en Derecho en la Universidad La Salle. Cuenta además con una maestría en Gestión Pública Aplicada, en el Tecnológico de Monterrey.

Su trayecto laboral inicia en el despacho Becerra, Carmona y Caro Abogados, donde se desempeñó como asistente legal de 1998 a 2001, acumulando experiencia en juicios del orden civil, familiar y mercantil. De junio de 2015 a la fecha se desempeña como directora general del Sistema DIF en el municipio de Benito Juárez (Cancún).

El Poder Judicial cuenta ya dos magistradas con un reto enorme, ya que la justicia tiene asignaturas muy descuidadas, entre ellas el alto porcentaje de presidiarios que no han sido sentenciados, permaneciendo en el olvido y asimilando experiencia explosiva entre los malosos del delito.

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