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Las víboras del crimen derrotan a nuestros policías

El crimen impone su agenda del terror y ha sido ineficaz la reacción gubernamental ante el multiplicado ataque de serpientes con piernas que a menudo se pierden en nuestras calles y plazas comerciales, eludiendo persecuciones tardías sin obligada coordinación. México es un prado ensangrentado y Quintana Roo soporta muchas heridas mortales en Chetumal, Playa del Carmen y Cancún, donde gobiernan alcaldes de Morena.

Una turista española fue tomada como rehén por un asaltante que dio el golpe en una Van de pasajeros que cubre la ruta Playa del Carmen-Cancún, este domingo antes del mediodía. La europea fue abandonada en un lote baldío de Cancún y denunció que fue violada en varias ocasiones.

A bordo de taxis los delincuentes –dos al menos– asaltaron negocios de Cancún a pleno sol, demostrando la ineficacia de la Guardia Nacional y del Mando Único coordinado por Jesús Alberto Capella Ibarra, Secretario de Seguridad Pública cuyas cuentas son negativas y dignas de revisión para replantear la estrategia. Capella ya no tiene excusas, pero nada en ellas.

En Playa del Carmen un asaltante de 17 años le disparó en días pasados a una cajera y la mujer falleció ayer; un cliente recibió disparos del agresor en pecho y abdomen y se mantiene en estado crítico. El joven delincuente fue perseguido y enfrentó a los policías municipales con disparos, pero fue herido y capturado. Antes de atacar el Oxxo había asaltado una ferretería.

Asesinatos de policías

Soportamos una escalada del crimen, subidísimo de tono con sus frecuentes ataques cada vez más venenosos. En el norteño Cancún fuimos castigados por la ejecución del inspector de la Policía Estatal, José Antonio Archi Yama, decapitado y cuyo cadáver ensabanado y embolsado fue lanzado cerca de la avenida Guayacán, la mañana del 23 de septiembre.

En el sur, nuestra capital chetumaleña fue conmocionada por el asesinato del policía procesal Ali Gamel Schnaid Cámara, ejecutado en su hogar –fraccionamiento Américas Dos– por un pistolero, la mañana del 10 de julio; el sicario escapó en motocicleta, apoyado por un cómplice.

Las cifras de ensueño de Capella son abatidas por la realidad; no es un asunto de percepción, sino de hechos frecuentes que pueden convertir a Quintana Roo en guarida de criminales, con exceso con confianza por la ineficacia de nuestros guardianes con abundante presupuesto.

El gobernador Carlos Joaquín González soporta su mayor desafío político con desbordante presión social. No ha estado inmóvil ante la endiablada ofensiva, ya que hizo los cambios a tiempo en Seguridad Pública y la Fiscalía General, colocando en sus sillas candentes a Capella Ibarra y a Óscar Montes de Oca Rosales, quienes relevaron a Rodolfo del Ángel Campos y a Miguel Ángel Pech Cen.

Avanza el crimen en gran parte de México y esto lo comprendió en fracciones de segundo el alcalde de Morena en el Valle de Chalco: Francisco Tenorio Contreras, atacado por un joven con arma de fuego este 29 de octubre.

El alcalde aceptó darle un aventón a su homicida, quien le disparó en la cabeza para causarle daño cerebral irreversible. Desconectado por decisión de la familia, sus órganos serán donados. Pero flota una pregunta: ¿por qué? El asesino tendrá que responderla, amparado en nuestro sistema judicial.

Un comentario

  1. Y la Fiscalía en el Reinado interno de la corrupción donde los foráneos saber cómo sacar provecho del dolor de los denunciantes y de los «servicios» ofrecidos

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