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Los amigos de Mario Villanueva

En órbita
Marcelo Salinas
Novedades Chetumal
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Provocó más polémica en la capital del país y otros Estados que en su Quintana Roo la misiva del ex gobernador Mario Villanueva Madrid dirigida a la Secretaría de Relaciones Exteriores, mediante la cual ruega ayuda humanitaria por su delicado estado de salud, para ser trasladado a México desde Estados Unidos, donde purga condena por lavado de dinero de la delincuencia organizada. Todo ello, con fundamento en un tratado firmado entre ambos países.

Hay un interés natural en Chetumal –donde es más querido y mejor recordado–, que en la zona norte, donde muchos no saben quién fue ni qué hizo, ni menos de su condición. El caso es que Villanueva hace tiempo que dejó de ser profeta en su tierra, sobre todo al ser enviado a ese país tras una “libertad” de horas en 2010, pues el ánimo de sus seguidores decayó hasta casi desaparecer.

Al igual que otros colegas como Javier Chávez Ataxca (coordinador de la sección Opinión de Novedades Chetumal), me pregunté dónde están los amigos de este hombre que suplica, ya no por su libertad, sino por su atención médica y por no permanecer tan lejos de casa, mientras los achaques propios de la vejez lo “doblan”, como él mismo confesó. Y aun cuando asegura que su esperanza sigue viva, lo dudo mucho: en tales condiciones, después de tantos años (casi 14), tendría que ser de acero para no sentir lo tupido.

Con esos datos, en este contexto, tuve la oportunidad de charlar con su ex colaborador, don Pedro Jaime Courtenay Torres, quien durante la administración de Villanueva Madrid fue procurador de Justicia y presidente del Tribunal Superior, los dos más altos cargos a los que pueden aspirar en ambas vertientes: la procuración y la impartición. Le pregunté: Licenciado, ¿dónde están los amigos de Villanueva?

Con una sensatez y una lucidez inauditas, sostuvo que identifica a dos grupos de amigos: “En el primero, estamos los de siempre, los de su colonia en Chetumal, los que estudiamos con él hasta la secundaria, los que trabajamos por Quintana Roo y que ahora estamos jubilados. La mayoría tenemos casi 70 años o más. Estamos retirados de la vida social y, sobre todo, de la política. La mayoría, no todos, hay algunos vigentes”.

Sobre el segundo grupo, reconoció que “son hombres y mujeres más jóvenes, muchos de ellos aún en la política, a quienes ves organizando manifestaciones, los que se expresan –lo ha visto– en redes sociales y los que siempre piden por él. Digamos que son los agradecidos. Son los que aún pueden y deben abogar por él. Pero son pocos, muy pocos, y actúan casi aislados, casi siempre por su cuenta, como una forma de lealtad absoluta”.

Considero que hay un tercer grupo, con el que debemos ser categóricos: son los vivales, los oportunistas, quienes en el fondo no quieren que él regrese porque piensan, suponen, que vendría a pedir cuentas. Son los favorecidos durante su gobierno. Son los que hoy se esconden, los que lo niegan, y a esos nunca se les podrá pedir explicaciones porque se fueron o no aparecen. Esos dicen ser sus “amigos”, pero claramente no lo son.

Con ese panorama, ya se sabe más o menos dónde están los amigos del ingeniero. Lo que cuesta trabajo entender es la traición de muchos, quienes hoy prefieren aparentar desconocimiento o incluso se atreven a condenarlo en espacios públicos. En privado, ni se diga.

No se trata de sugerir que sea inocente, como tampoco culpable. Para eso están las leyes, la justicia. Lo que sí es oportuno, es criticar el cinismo de muchos ex servidores públicos y funcionarios actuales que sin embargo le dan la espalda; insisto, en un momento en que merece ayuda, atención, como la persona de tercera edad que es.

Es irónico: vemos que en el país delincuentes confesos y otrora servidores o líderes sindicales quedan en libertad o tienen la chance de terminar su condena en lujosos recintos de “reclusión domiciliaria” por el mismo argumento de Mario Villanueva: su pésima situación de salud.

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