Principales

Los muertos de Chetumal y el hielo de la CAPA

La tarde del 17 de julio en curso una tragedia enlutó a Chetumal: tres trabajadores de una empresa quintanarroense contratada por la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) murieron al colapsar una obra de drenaje sanitario en la colonia Payo Obispo. Dos quedaron ahogados en una acumulación de aguas negras que desprendían gases tóxicos; el tercero fue rescatado agonizante y murió camino al hospital.

Uno de los muertos: un joven a punto de cumplir 24 años y padre de cuatro niñas; su cuñado de 24 años se lanzó presa de la desesperación: “o lo rescato o los dos nos vamos”, dijo al descender para encontrar la muerte en su arrebato heroico. Danely perdió de golpe al padre de sus hijos y al hermano.

Acudí con mi esposa a la humilde vivienda de la familia dolorida –gracias Erick León por el dato–, ubicada a escasos metros del sitio de la tragedia. La miseria palpita en ese nido donde hay un altar para los dos difuntos con imágenes religiosas, veladoras encendidas y cinco ramos de flores. Dos lonas de plástico son el techo que no puede contener el agua acumulada que a cada rato se precipita en la sala, mitad cemento y mitad tierra.

La empresa a cargo de la obra colapsada es Integradora de Construcciones Civiles y Viales S.A de C.V. y ante la desgracia flotó el aroma del descuido. De hecho, en su inmediato comunicado la CAPA anticipó que esta empresa “realiza los trámites correspondientes junto con las autoridades para el debido proceso y deslinde de responsabilidades conforme a la legalidad”, ante lo que consideró un “lamentable accidente”.

El dueño de la empresa –con sede en el municipio maya de José María Morelos– fue inhumano ante la tragedia, ya que aceptó entregar dos ataúdes económicos donde no cabían los difuntos. Fue inflexible hasta que la viuda lo mandó al diablo; entonces se sensibilizó, más preocupado por el qué dirán.

Para Gerardo Mora Vallejo –titular de la CAPA– la tragedia quizá ocurrió en un punto remoto de Siberia. Tan glacial en su reacción ante el dolor y sin un brote solidario, mucho menos generoso del hombre que pudo ser gobernador a partir de 2011, postulado por el PRD.

Por inercia colectiva vamos dejando en el olvido los acontecimientos que nos azotan, como el tren fatigado que descubre nuevos caseríos, puentes, sembradíos. Pero el día después es un lamento permanente en esta humilde familia chetumaleña que el sábado pasado organizó el novenario del esposo de Danely, precisamente cuando debía cumplir 24 años.

La empresa y la CAPA deben sustituir su sangre de clamato para reaccionar con venas humanitarias, habituales en otros mexicanos. Ante la cerrazón que predomina en la empresa, Gerardo Mora Vallejo tiene que apoyar a la familia con recursos institucionales. La CAPA tiene una deuda moral, aunque tendrá que ser un gesto de Mora Vallejo porque no hay ley que lo obligue a dejar de ser un miserable.

2 comentarios

  1. jajajajaja inche Javier, cada vez que quieres algo te reinventas wey, es increíble que un tipo como tu tenga el valor de agarrar la pluma o más adhoc con los tiempos, que tus garras cargadas de ambición te permitan escribir aunque sea en una Mac!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba