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Matar el arte

Dardos | Agustín Labrada

La mayoría de la gente que arriba a cargos públicos en Quintana Roo carece de sensibilidad y de formación humanística, y una vez en el poder, desde un pragmatismo casi rupestre, se deshace de todo aquello que considera inútil, en el sentido de que no genera beneficios inmediatos, y en este rubro entran las creaciones artísticas y el patrimonio identitario de una sociedad que han venido creciendo en el mestizaje.

Cuando se destruye “lo inútil”, la humanidad del futuro queda sin memoria; una memoria que está en los libros y los museos, en las canciones y las pinturas, en la danza y el teatro… Una memoria no contaminada con la praxis lucrativa del beneficio, una memoria que ya no llega a las nuevas generaciones educadas en la pasión desmedida hacia el dinero y en el desinterés por las causas altruistas y el gusto por arte genuino.

Hemos visto cómo casi todas las manifestaciones de la vida danzan en un lenguaje económico. Se estudia para tener un título y ganar más, no por amor a una carrera. Se trabaja para consumir y presumir lo comprado, no porque los quehaceres laborales sean también parte de la “felicidad”. Con el dinero se adquiere casi todo: éxito, fama, leyes, realizaciones sexuales, cargos, seguidores políticos, pero nunca el conocimiento.

El conocimiento se obtiene con el esfuerzo y la voluntad individuales. No hay cheque ni transferencia bancaria que sitúe mágicamente en las cabezas de las personas el saber. Lamentablemente, en gran parte del sistema educativo en todos niveles públicos y privados, hay muchos profesores mal pagados. Las instituciones no estimulan la excelencia, se va imponiendo la mala calidad, y queda sólo la salvación personal.

¿Aparte de la ignorancia y la soberbia, por qué muchos políticos lapidan la cultura? Por temor. Saben que las personas con formaciones culturales sólidas piensan y juzgan y entienden el circo y la farsa en que se ha convertido la política mexicana en detrimento de la población, de esos cuarenta millones de mexicanos que viven en pobreza extrema, de esa moneda devaluada ante el dólar y el euro, de la violencia que ya es indetenible…

Las personas con acceso a la cultura artística y al legado intelectual no son manipulables por los medios de confusión de masas, ni por las esquemáticas y retrógradas campañas electorales. Todos esos engaños y falsedades manejados por el poder (a través de la propaganda) llegan a una gran muchedumbre pasiva que se vuelve inconscientemente cómplice de la corrupción. La cultura entonces es un obstáculo para los corruptos.

¿Vamos todos a pagar la deuda que unos pocos contrajeron? Incierto. Ni los bancos, ni los altos funcionarios del gobierno, ni las empresas privadas salen empobrecidos con la crisis. La crisis es un pretexto para, con fórmulas demagógicas, herir más a un pueblo herido, que sobrevive en la incertidumbre y le cuesta confiar en sus líderes, quienes nunca fueron educados en la ética, quienes no tienen ni una pizca de solidaridad.

La serpiente se muerde la cola, el hombre necesita dinero y vive con la obsesión del dinero en un gran círculo, donde se van devastando las riquezas de la Tierra y generando consecuencias letales relativas a la contaminación ambiental y a la salud humana. ¿Este caos acabará matando el arte? No, el arte y los artistas han sobrevivido a todas las epidemias políticas, ideológicas y económicas de la humanidad.

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