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Ojo con Atondo

Tiro Libre

Anwar Moguel
Novedades Chetumal
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Como muchos empleados de gobierno y militantes del PRI, el norteño convertido en chetumaleño por derecho de antigüedad, Francisco Atondo Machado, sufrió en carne propia la cerrazón de su partido que le hizo pagar muy cara su decisión de trabajar para el proyecto del cozumeleño Carlos Joaquín González.

Atondo Machado, quien fue el principal operador político “tras bambalinas” del ahora gobernador electo en el sur de Quintana Roo desde mucho tiempo antes del arranque de las campañas, al igual que muchos burócratas que pensaron diferente y siguieron un proyecto contrario al borgismo, fue presionado y finalmente lanzado a la calle por no alinearse.

La relación de Francisco Atondo con Carlos Joaquín empezó desde el lejano 2009, cuando el cozumeleño intentó por primera vez alcanzar la gubernatura. El chetumaleño se encargó de pactar reuniones del aspirante a candidato con diversos grupos de poder, lo acompañó y respaldó, aunque finalmente el entonces gobernador, Félix González Canto, impuso su voluntad y entregó la candidatura a Roberto Borge Angulo.

atondo-cj11Siendo un personaje desconocido incluso para muchos miembros de la clase política del sur, ninguneado en el PRI y después atacado furiosamente cuando tomó una posición frontal en el proyecto joaquinista, rindió muy buenas cuentas en las pasadas elecciones, pues las decenas de miles de votos cosechados en el municipio capitalino terminaron por hacer la diferencia el pasado 5 de junio, y parte de la siembra la realizó el propio Atondo, tanto en la capital como en la zona rural, en la que se mueve como pez en el agua.

Pero el triunfo de Carlos Joaquín a la gubernatura pone una nueva presión sobre Francisco Atondo, quien de golpe fue sacado de las sombras del anonimato y, por su papel clave en el equipo del próximo gobernador, está llamado a ocupar un puesto en el primer círculo del mandatario.

Y allí radica el problema, porque ha mostrado una alta eficiencia moviéndose en las sombras, donde los excesos de su carácter impulsivo y colérico no generan mayor escándalo, lo que no ocurrirá a partir del próximo 25 de septiembre cuando quede expuesto a la luz pública en cualquier posición que ocupe.

Se ganó a pulso la confianza de Carlos Joaquín, lo que quedó en evidencia por la amplia libertad que le otorgó desde el momento en que empezó a construir la estructura que a la postre le daría el empujón definitivo a la gubernatura, pero en su próxima encomienda, ya como funcionario gubernamental, tendrá que moderar su carácter, controlar sus arranques y moderar sus rencores, que son profundos.

Tendrá que aprender el arte de ser político –le falta “concha”– en tiempo récord, si es que pretende mantenerse cerca del gobernador en los turbulentos tiempos que vienen. 

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