Sangra Chetumal y Capella pide su helicóptero

La gangrena de la violencia desangra a Chetumal, nuestra capital caribeña que por décadas proclamó su seguridad relajante disfrutada por todas las familias en calles y hogares. Esta paz social ha retrocedido con las primeras manifestaciones del crimen, etiquetadas como “casos aislados” y que han subido de tono como los primeros calambres que dan paso al dolor agudo a centímetros del corazón.

En las primeras horas del jueves 7 de noviembre un joven de 23 años fue atacado a balazos en un puesto de perros calientes ubicado en la avenida Álvaro Obregón, a dos pasos de la avenida de Los Héroes. El tiroteo relampagueante desde un vehículo ocurrió en la zona más céntrica de nuestra capital –a tres cuadras de Palacio de Gobierno– y dejó a sus acompañantes con salpicaduras de sangre y una mujer con crisis nerviosa.

Algo imperdonable: no hay cámaras de vigilancia suficientes en los pulmones de nuestra capital.

Once balazos recibió el jovencito chetumaleño llorado por su familia. Este ladrido de pistolas en la entraña de nuestra capital nos arrebata seguridad, lo único que conservamos en los dominios de una ciudad tan maltratada por sus gobernantes y dañada por un porcentaje de asaltantes de Oxxos, farmacias y gasolineras.

Chetumal sangra por la violencia que se llevó a la tumba al policía procesal Ali Gamel Schanaid Cámara, atacado por un sicario en su vivienda del fraccionamiento Las Américas 2, la mañana del 10 de julio. Agonizante fue trasladado al Hospital General, donde murió con una bala alojada en la cabeza.

¿Quiénes fueron? ¿Por qué mataron a este policía ejemplar? Son preguntas que no responde la Fiscalía General del Estado, a punto de cumplirse cuatro meses de este asesinato.

La ejecución del empresario fronterizo Ernesto Alonso de Miguel, alias “El Español”, inauguró nuestra inseguridad en los sitios más familiares. El ataque del sicario solitario ocurrió la noche del 14 de noviembre de 2015 en el restaurante El Emporio, ubicado a unos pasos del bulevar Bahía y cercano al Congreso del Estado. Otra de las víctimas fatales fue el policía ministerial Agustín Guevara Martínez, quien cenaba cortes uruguayos con el empresario señalado como traficante de licor y cigarros desde la zona libre de Belice.

Era el cierre de ciclo del gobierno de Roberto Borge y Chetumal recibía su primer aviso cerca del corazón, con familias invadidas por el espanto por la maniobra del pistolero que logró escapar, esfumándose entre relajados automovilistas de fin de semana.

El gobernador Carlos Joaquín González no se ha cruzado de brazos ante esta acometida de los criminales que recorren nuestras plazas comerciales y disfrutan una película en Cinépolis acabando las palomitas en la última fila. Los movimientos planificados del gobernador: designar en Seguridad Pública a Jesús Alberto Capella Ibarra y entregar la Fiscalía General a Óscar Montes de Oca Rosales, mandos no quintanarroenses que se instalaron con fama de expertos de alta escuela.

Capella y Montes de Oca relevaron a dos de casa: Rodolfo del Ángel Campos y a Miguel Ángel Pech Cen, quienes no estuvieron a la altura del desafío cada vez más ponzoñoso cuyos ataques más mortíferos y dañinos ocurren en Playa del Carmen y Cancún, donde gobierna Morena.

Pero el Mando Único de Capella también ha sido ineficaz contra el crimen en el sur. El ataque más sanguinario ocurrió la mañana del 31 de julio pasado, a la entrada de la localidad sureña de Limones, cuando un comando rafagueó una camioneta roja con placas de Yucatán, matando a ocho hombres y dejando dos heridos que se salvaron de milagro.

Deslizan que Jesús Alberto Capella quiere otro helicóptero, este para vigilar Chetumal y todo el sur. La ocurrencia suena a capricho porque un aparato tan costoso no tiene utilidad práctica ante una delincuencia que tiene tomada la medida a los policías preventivos, ahora llamados Policía Quintana Roo por ser parte de un Mando Único.

Pero Capella sigue fracasando y se refugia en reconocimientos para ocultar su incompetencia que está costando muchas vidas.

5 comentarios

  1. ya dejen vivir a carlos joaquin y capalle su romance en la montaña, es bien sabido que se tiene mucho amor mutuo y ambos se dan por donde no les da el sol, es imposible que el gober despida a su novio o amante en turno si el tambien pertenece al narco.

  2. Ya fueron rebasados, tanto el ejecutivo estatal y el mando único policiaco; si no pueden es el momento de pedir ayuda, a la SEDENA y Semar, mínimo hablenles a la SSP de Yucatán.

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