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¿Ser o no ser quintanarroense?

Tiro Libre

Anwar Moguel
Novedades Chetumal
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Me parece tan ridículo como estéril el enorme ruido mediático que ha generado en esta agitada temporada pre electoral la discusión sobre el “quintanarroísmo”, entendido por muchos –de manera errónea, pienso– como el simple hecho de haber nacido en esta bella entidad caribeña, que para muchos de nosotros, nativos o no, representa nuestro hogar, nuestra tierra.

El asunto ha cobrado una fuerza desproporcionada desde que el gobernador Roberto Borge Angulo lanzó un emotivo discurso que muchos interpretaron como les dio la gana, atribuyendo al mensaje un subtexto dirigido a uno o a otro aspirante a la gubernatura no nacido en Quintana Roo.

Las palabras de Borge generaron una andanada de reacciones acerca de lo que es o no es ser quintanarroense, incluyendo el tópico de que tanto pesa en la sucesión el ser nacido en estas tierras.

Esta semana nuevamente la discusión subió de tono, sobre todo en redes sociales, luego de que se descubrió en el Registro de Población que otros dos aspirantes, de esos considerados quintanarroenses de cepa, no nacieron en el estado, sino en otras entidades.

Se trata del chetumaleño Raymundo King de la Rosa, cuyo CURP señala que nació en el Distrito Federal, y del diputado federal electo, José Luis “Chanito” Toledo, cuyo CURP deja claro que nació en Yucatán. Ambos fueron registrados en Chetumal.

No es su lugar de nacimiento lo que me causó asombro, sino el desmedido escándalo que se generó en las redes sociales que estallaron, celebrando el “descubrimiento” como si se tratara de un elemento que pudiera descalificar a estos aspirantes de la carrera sucesoria.

Es urgente que tanto ciudadanos como medios de comunicación elevemos el nivel de una discusión que se pierde en nimiedades, dejando de lado lo verdaderamente importante.

Porque en lo personal, me importa un pepino donde nacieron Abuxapqui, Mauricio, “Chanito”, Raymundo, Mendicuti, Paul, Cora Amalia o Carlos Joaquín. Lo que me importa, en todo caso, es su trayectoria, sus logros, sus errores, sus capacidades, sus tablas políticas, sus debilidades, su desempeño en los puestos que han ostentado.

Periodísticamente, debemos enfocar el análisis en lo que ofrecen y lo que no ofrecen cada uno de estos aspirantes a candidatos del PRI, de los que con toda seguridad saldrá el próximo gobernador dada la hegemonía que mantiene el Tricolor en el estado.

Y si hablamos de un puesto de tal importancia, que quien lo ocupe tendrá en sus manos en buena medida el destino de Quintana Roo por un periodo de seis años, es necesario centrarnos en lo medular, dejando de lado pequeñeces que, a pesar de ser elementos fútiles, se vuelven de interés público por el morbo que generan.

Un comentario

  1. Te lo digo Beto para que escuches Félix. El quintanarroismo como argumento resulta estéril cuando se observa el daño que han hecho quienes tanto lo cacarean. Parece que el gobernador y su círculo viven en un mundo en el que los chismes de periódico y las grillas de pasillo tienen un peso electoral serio, y vaya que les encanta jugar dentro de ese mundo.

    ¿Es una pena, no? Tanto dinero del estado pagado a Román Trejo, Antonio Callejo, Oscar González y otra kilométrica lista de aplaudidores-difamadores que ladran hacia donde les apunta el dedo, ¿para que únicamente los lean, día tras día, los mismos grillos, los mismos burócratas chismosos?

    Estoy de acuerdo con Anwar cuando pide que se eleve el nivel del análisis. Le pregunto: ¿se puede elevar cuando lo analizado pide a gritos mantener el nivel en el muladar en el que está?

    Las nimiedades, como las llama Anwar (y en realidad lo son), presentarían una situación incluso más triste si se planteara que quienes elaboran circos como el quintanarroismo, pelean y amenazan en redes sociales, se promocionan a lo largo del estado cuando no les corresponde, pagan a paleros diarios, etc., lo hicieran sabiendo que ésto no tiene efecto alguno en las elecciones, sino por el simple placer de hacerlo «porque pueden».

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