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Villanueva a AMLO: “en México me tiraron a matar”

El ex gobernador chetumaleño Mario Ernesto Villanueva Madrid le envió una carta abierta al presidente electo Andrés Manuel López Obrador; comenzó a circular la mañana de este viernes, agitando redes sociales, grupos de WhatsApp y espacios periodísticos. Habla como acostumbra: frontal y a puño limpio, como lastimado boxeador acorralado por el réferi y los jueces:

“En México me tiraron a matar, me libraron cuatro órdenes de aprehensión con 13 delitos. No hallaron nada contra mí en el gobierno del Estado ni en lo personal, no pudieron acusarme de corrupción, y por ello decidieron hacerme acusaciones con 25 testigos protegidos de la PGR. Mis supuestos cómplices a los que se les libró orden de aprehensión y se les llevó  a la cárcel, han sido absueltos, por ser inocentes  y, quienes los acusaron,  son los mismos testigos protegidos  que me hicieron imputaciones”.

El trato tan amigable de la justicia hacia el ex gobernador veracruzano Javier Duarte de Ochoa impulsó a Villanueva a escribir esta carta donde concentra todo el suplicio de un viaje entre dagas y estiletes que inició en la recta final de su mandato –a principios de marzo de 1999–, cuando el Presidente Ernesto Zedillo desató la jauría que se lanzó contra un alfil priista rebelde, integrante del “sindicato de gobernadores”.

“Al exgobernador  de Veracruz, Javier Duarte, se le dio una condena demasiado benigna, de 9 años de prisión, la cual se reducirá a 4 y medio, por el beneficio que da la ley, y en tres años estará en su casa.  Llevo 17 años y 4 meses en 10 cárceles tanto de México, como de Estados Unidos, donde me extraditaron ilegalmente”, reprocha Villanueva en su carta.

Mario Villanueva es por mucho el político mexicano más castigado por la justicia, con un ingrediente despreciado: su evidente inocencia. A la distancia se confirmó que el proceso fue armado y puesto en marcha por instrucciones del presidente Ernesto Zedillo para darle un escarmiento ejemplar a este priista de granito cuya capacidad para resistir es admirable, aunque su cuerpo de hombre de campo a menudo pide una tregua.

“La Ley Nacional de Ejecución Penal me otorga dos beneficios: el de la prisión en mi domicilio por motivos de salud.  En realidad estoy bastante enfermo, por eso me trajeron a Chetumal y estoy en la Clínica Independencia. Desde fines de julio pedí al Juez que autorice el traslado a mi casa y estoy en espera. El otro beneficio es la libertad anticipada que se da al haber cumplido el 70 por ciento de la pena.  Esto equivale a casi 16 años y ya me pasé, pues llevo 17 años y 4 meses en la cárcel”, expresa en la carta.

El dos de julio pasado el exgobernador cumplió 70 años, pero antes de llegar a 51 fue sometido al castigo más sanguinario; nuestra justicia ocasionalmente se desenvuelve como un verdugo sediento de sufrimiento, con su menú de instrumentos de tortura de la Inquisición.

El gobierno de Ernesto Zedillo lo había acusado de nexos con el narcotráfico, sin respetar la presunción de inocencia y el rollo de los derechos humanos; el linchamiento fue activado en periódicos como The New York Times y El Universal, con filtraciones procedentes de Los Pinos. Mario Villanueva comprendió que iba muy en serio la ofensiva, y lo supo antes de ser interrogado en Palacio de Gobierno por el zar antidrogas Mariano Herrán Salvatti, quien poco antes de fallecer fue defensor de Villanueva en uno de esos virajes del destino tan sorprendentes, dignos de una novela de Luis Spota.

“Ni favor ni gracia, únicamente la Ley, y me voy a mi casa, se me otorga la libertad, y se reconoce mi inocencia.  Ya es tiempo de que las autoridades reconozcan los errores cometidos”, culmina Mario Villanueva a corta distancia de Palacio de Gobierno, donde palpitan las acciones del último gobernador chetumaleño con arrastre popular y que ha sido idolatrado en su interminable tragedia, aunque contados miembros de su equipo estelar de colaboradores se atreven a escribir una sola línea en su defensa. Porque así es la política.

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