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Cada quien su fiesta

Dos albañiles platicaban este jueves. Irónico, uno pregunta: ¿Cómo estará la fiesta del sábado en tu casa?

Y el otro, tras un largo sorbo a la “caguama” que tiene entre las manos, responde: “Pues como siempre, compraré el ´pomo´, le invitaré dos copas a mi vieja y seguiré yo solo hasta quedar dormido”.´

Y eso me da pauta para pensar que uno arma la fiesta a como le da su regalada gana. El chiste, si cabe, es pasarla más o menos bien y luego que venga el relax tendiéndote entre los amorosos brazos de Morfeo. Ya lo dijo el poeta Rafael Azcona: “Uno de vez en cuando la pasa menos mal, pero feliz, feliz…, esas son palabras mayores”.

Brindemos, pues, por si acaso eso sea lo único que nos queda para pintar una sonrisa en el rostro.

Yo, en mi caso, brindo por Miguel, por Juan, José Manuel, Jorge, “Pepe”, y por tantos amigos más que durante las convivencias mañaneras –humeante café de por medio-, me han enseñado muchas cosas. La principal: no hables al mismo tiempo que el resto de la gente que te rodea porque al final no se entiende nada y uno solo gasta saliva a lo pe…rico.

Otra cosas que me han enseñado es que uno vale por lo que tiene en el interior del cuerpo y no por lo que se tiene acumulado en la bóveda de los bancos. Que el dinero no da la felicidad, pero como dijera el gran Woody Allen, procura una sensación tan parecida que se necesita un especialista muy avezado para verificar la diferencia. Que cuando prometas algo, lo cumplas porque luego, es lo más doloroso, no te lo recriminarán verbalmente pero con sus miradas y sus actitudes te estarán diciendo que eso no es de Dios, que la regaste y esas cosas entre amigos no se hacen. Que una copita, aún sea en el tugurio más rascuache, si se ingiere con los camaradas, lo demás, el entorno incluido –meseras ídem-, vale un cacahuate. Que una llamada telefónica de no más de dos minutos puede iluminar tu día y recordarte que tal vez algún día el Sol deje de brillar, pero entonces saldremos a bailar bajo la lluvia. Que reñir por cinco o diez pesos a la hora de liquidar la cuenta en un restorán es un detalle que no debe trascender gran cosa (lo que pasa en el café, ojo, se queda en el café). Que hay temas en los que no hay que insistir tanto porque aunque el aludido te quiera mucho, si insistes en cargarle la mano, terminará por dirigirte una mirada puñalera a través de la cual te estará diciendo que ya le pares porque se está alborotando el demonio que todos llevamos dentro. Que no está mal que de vez en cuando, por más duro que tengamos el codo, es necesario sacar la cartera y cortándole de tajo sus intenciones de hacer lo mismo, decir: ¡Hoy yo pago! Que todos tenemos cualidades distintas y hay que ponderarlas de vez en cuando. Que hay que hurgar más en las virtudes que en los defectos, porque si insistes en restregarle en la cara sus fallas, terminarán por esfumarse e irse a rumiar su dolor en otro lado. Que no está de más meter de contrabando al restorán de vez en cuando algunas galletas o un pan delicioso que artesanalmente elaboran en alguna panadería de la ciudad. Eso, aunque pueda tener un tinte de cicatería, propicia enterarnos de que en algún punto de Chetumal hay alguna delicatessen esperando.

En fin, brindo por mis amistades, tan llenas de virtudes, tan salpicadas también por los defectos. A ellos tuve el privilegio de escogerlos y asumo las consecuencias con la entereza que amerita el caso.

Ya encarrilado, levanto mi copa y brindo también por la “Matita”, ese personaje tan lleno de claroscuros, con detalles de vida increíbles, pero también con alma de guerrero, con tantas ganas de darle un vuelco a su vida y huir de tanto fantasma que atosiga e intenta darle cobijo nuevamente. Brindo por su fuerza de voluntad –acaba de salir de una clínica de desintoxicación-, y ahí la lleva, saltando obstáculos y soltando una lagrimita de vez en cuando como una forma quizá de lavar la mugre que en el interior le queda. Admiro su fuerza espiritual porque pese a la soledad en que se encuentra, no declina y dando brinquitos va saliendo poco a poco del problema en que se encuentra. “Gracias a ti mi navidad será menos triste”, le ha dicho al ángel guardián que merodea a sus espaldas y que constantemente le jala las orejas.

Nada me da más gusto que brindar por este personaje que lucha día con día. Incluyo también a todos los demás que viven sumidos en el infierno de las drogas y que anhelan darle un golpe de timón a su existencia.

Y, bueno, de tanto brindis ya la copa se me tambalea. ¡Hic!, es hora de pararle. ¡Feliz Navidad a todos!





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Comentarios   

 
0 #1 FelicidadesMiguel9800 23-12-2011 07:26
Señor Lo felicito por su Columna! Sin duda una de las mejores que he leido en estos tiempos.
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