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Destapes, descartes, alabanzas y lágrimas

Las sorpresas le dan un plus a nuestra existencia. De eso no tengo duda alguna. Los imprevistos, por ser así, por llegar de pronto, nos emocionan y nos hacen pasar un buen rato que no estaba contemplado en la agenda.

Lo anterior viene a colación debido a que los viernes son un día especial para un pequeño y por lo tanto selecto grupo de amigos cozumeleños que llevan tiempo reuniéndose y apoyándose en las duras y en las maduras.

Este viernes sin embargo, no fue un viernes cualquiera.

Por principio de cuentas, se llevó a cabo una ceremonia para darle la bienvenida a un nuevo crucero que atraca en Cozumel. Ahí estaba el “general” Beto y un buen número de funcionarios. Los anfitriones, como siempre, peinaditos, con el copete soportando estoicamente los embates de la brisa marina –lo que indica que gastan su buen dinero en un gel de excelente calidad-, fueron el “primer soldado” Lito Joaquín, Germán García, Fredy Marrufo y Víctor Vivas. Y, bueno, estando de por medio el “teutón” Vivas, todo es garantía de que las cosas saldrán a pedir de boca.

Transcurrida la ceremonia, le llegó un telefonazo a Jorge Elías en donde le indicaban la decisión a la que se había llegado para “cruzarse” unas cebadas en el “Rincón Bohemio”. Le dijeron que no se preocupara por las botanas –visto lo botarate que es el “Turco”-, ya que don “Vitorio” llevaría unos deliciosos manjares para que degustaran sus amigos. Y uno de esos era Román Quiam, su patrón en la Asociación Portuaria Integral, hombre de buen comer (y ahora descubro, también de buen beber).

Pues bien, no tardó y aparecieron tres chalanes del “Pacquiao” Vivas, llevando cada uno un cocktel de mariscos. Al cuestionarles de qué se trataba, respondieron que los enviaba el señor Vivas para su grupo de amigos.

Hasta ahí todo iba bien. Jorge Elías pensó que un cocktel era para Román, otro para Germán y el tercero para Víctor Vivas.

Pero, sorpresa, al poco rato llega don “Vitorio” acompañado de diez personas y lo primero que grita es: “¡Hey, chamacos! ¿Dónde está lo que mandé para mis invitados?

Y que vienen los tres cockteles a la mesa. Lógico, todos se ven con desconcierto y, como en la parábola de los peces y los panes, todos intentan estirar los camarones para que alcanzaran a mitigar el hambre de los ilustres comensales.

Jorge Elías, preocupado porque no quedara en entredicho el prestigio del changarro, echó mano de cuanta latería tenía resguardada en su bodega. Pobre hombre, hubiesen visto la cara de preocupación que tenía, y todo por completar los bocadillos para que los distinguidos comensales quedaran satisfechos.

Pasado el susto, todos contentos, el ¡chomp, chomp!, se escuchaba a varios metros de distancia. Pero de pronto se aparece don Luis González Flores y otros invitados. Y don “Vitorio” sale otra vez con su: “¡Hey, muchachos, de la botana que traje sírvanle también al señor Secretario de Gobierno!. Y el pobre Jorge Elías -¡qué horror!-, a parir de nueva cuenta.

Del congelador sacaron algunos filetes y a asar carne y preparar tacos para los recién llegados. Lo que, claro, fue del completo agrado de los ahí reunidos ya que los “abundantes” mariscos habían pasado a la historia una hora antes.

Pero no pararon ahí las sorpresas. De pronto, ¡oh, sorprais!, entra el mariachi cantando las mañanitas y Jorge Elías, con cara de ¡What!, se pregunta: y ahora, ¿qué pex?

De inmediato Víctor Vivas se levanta y brinda a salud del cumpleañero. Se suelta con un: “¡Mi gran amigo, el luchador social incansable, el mejor Presidente que ha tenido ´Solidaridad´, funcionario de lujo en el gabinete actual y futuro diputado federal…, brindo por mi jefecito don Román Quiam…!”.

¡Mole, diría el “Chicken” ( ), vas pá dentro chaparrito!. Víctor Vivas abraza con singular entusiasmo al festejado quien con asombro veía y escuchaba, ya que para él seguramente era una sorpresa todo el des…papaye que se había armado.

Quiam, agradece las atenciones del “Teutón” Vivas y, faltaba más, saca a relucir el bendito verbo. Luego, todo el mundo a cantar. Incluido “Pepe Corona”, desde luego, que sólo le dedicó dos horas a su jefe ya que estaba afónico. En fin, la fiesta se alargó, hubo destapes, descartes, alabanzas y lágrimas. A la distancia, había una mirada que nadie podía evitar, era la de Roberto Borge, padre, quién sin decir una palabra, veía, entre curioso y desconcertado, todo el relajo que se armaba.

Germán, “Chichí” García, de guapo no bajó a Román Quiam, quien por la felicidad del rostro, seguramente se lo creía. Luis González, medio asustado, se retiró pretextando compromisos en su agenda.

Jorge Elías le decía a Germán: “flaco, ¿qué te pasa?”. Y el “Bang-Bang” García le contesta: “me cae muy bien este muchacho”.

Lógico, Román estaba que no cabía en sus calzones ante el cariño que le demostraban los cozumeleños. Se dejó querer algunas horas hasta que lanzó el clásico “¡muchas gracias!”, dejando pasmado a la “Gran Cosa” Vivas, pues le ensartó la cuenta y el pago del mariachi. Además, para colmo, nunca le garantizó que sería su muy digno sucesor en la Asociación Portuaria Integral.

Ya ausente Román Quiam, Víctor preguntaba: “¿le habrá gustado su fiestecita?”

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