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Puro cuento
“La unión hace la fuerza”, dicen algunos y yo creo que es una idea errónea. Nada más falso, sobre todo en “San Caralampio”, en donde, al contrario, el chiste es ponerle el pie encima al prójimo para poder ascender como cohete hacia el firmamento.
El espíritu colectivo hace tiempo que es mera ilusión en nuestro terruño. No sabemos reconocer el mérito del semejante y en vez de aplaudirle y decirle que siga adelante porque su triunfo es el de todos los sancaralampiños, tratamos de obstaculizarle el camino para que tropiece y se lo lleve la “tiznada” en el primer intento.
En cualquier lado, por donde te vires, puedes encontrar infinidad de ejemplos que te indican claramente que jamás se le echa la mano al prójimo de a gratis, que antes de comprometer tu apoyo, el beneficiado ya tuvo que pactar contigo para que luego comparta lo más generosamente posible el usufructo que le caiga entre las manos.
Es parte de la vida en “San Caralampio”. De a gratis ni siquiera se da el saludo. Tratamos de sacarle provecho a todo y pobre de aquel que se ponga al brinco porque, entonces sí, nos unimos compactamente con otros malosos y le propinamos un buen escarmiento para que no se nos salga del huacal con tanto desparpajo.
Pese a todo, hipocritones que somos, siempre tenemos a flor de boca eso de que la unión hace la fuerza. Lo repite la jefa de colonias, el líder sindical, el profesor ante sus alumnos, el político ante los posibles votantes y hasta el DT de cualquier equipito de fútbol llanero.
Eso de pregonar lo que no somos se nos da con una facilidad que espanta. Lo vemos en la líder de colonias, esa dama que, inflada por dos o tres políticos que creen que luego sacarán el debido provecho de ella, va y le toma el pelo al resto de los habitantes de su demarcación, que, amolados en cuestiones económicas, siempre tienen la puerta abierta para cualquier merolico que llegue prometiéndoles el cielo y las estrellas.
La damita, buena para el verbito fácil –no tan refinado y contundente como el de los políticos, pero ahí la lleva-, llega y promete un fardo de láminas por piocha, además de la clásica despensa. Claro, el ofrecimiento conlleva el compromiso de unirse y, en bola, apoyar a equis “grillo” que, gracias a que supo meterle la uña al presupuesto, ya tiene recursos económicos suficientes para financiar cualquier campaña. Cosa que, para acabarla de amolar, ahora se da en todos los partidos políticos y ya no es exclusivo de los que en esos momentos detentan el poder.
Pues bien, la doñita es la primera en romperle el alma a la unión que tanto exige, ya que de inmediato procede a “ordeñar” tanto las láminas como la despensa, valiéndole un cacahuate que los beneficiarios, nada tontos, lo sepan de antemano. Con aquello de : “Agarra lo que pongan en tu mano y luego al momento de las votaciones apoya a quién te dicte el corazón”, ahora nadie le hace el feo a tres tacos, una horchata, la gorra y la playera. Aún a sabiendas de que la damita les está haciendo de chivos los tamales, los beneficiarios no la hacen de tos, evitan ponerse al brinco y toman lo que les dan, conscientes de que a la hora de acudir ante las urnas nadie estará detrás de ellos para atestiguar por quién están votando.
En este mundo de desconfianza mutua en el que estamos inmersos, eso de que “la unión hace la fuerza” no es más que un bello pensamiento que quizá funcionó en algún tiempo muy remoto pero que ahora no es más que letra muerta.
Los políticos son el mejor ejemplo en este sentido. Nunca se ponen de acuerdo en nada. Bueno, corrijo, se ponen de acuerdo en partirles la ma…ndarina en gajos a sus adversarios políticos para luego partírsela a la ciudadanía en general cuando ya tienen el poder entre las manos.
El mejor ejemplo de que van al vaivén de lo que sople el viento, es la reciente muestra de “apoyo” demostrada a favor de un sancaralampiño que obtuvo uno de los “huesos” grandes en el concierto nacional. Algunas de las frases que salieron de la boca de nuestros “solidarios” políticos del patio fueron: “Lo queremos y admiramos tanto”; “Gracias a su talento lo ha logrado”; “Por prudente y sabio era el más indicado”, etc., etc., etc.
Ignoro si el personaje aludido se los habrá creído. No sé si se habrá emocionado y derramado alguna lagrimita. Sabrá Dios si habrá pegado brincos haciendo con los dedos la V de la victoria ante las “sinceras” muestras de júbilo por parte de los colegas del terruño.
Lo único que sé, a fin de cuentas, es que en “San Caralampio” eso de que la “unión hace la fuerza” es puro cuento.
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