|
Quién los mandó crear cuervos
Si los políticos no tuvieran la piel tan sensible, otro gallo nos cantaría en “San Caralampio”. Si nuestros insignes hombres del micrófono y del verbito fácil, en vez de despotricar en contra de sus críticos, mejor reflexionaran sobre sus frecuentes metidas de pata, sería una verdadera delicia la vida en nuestro querido terruño.
Sabrá Dios por qué los políticos sancaralampiños son así. Les salen ronchas cuando de pronto a alguien se le ocurre hacer público algún desliz. Invocan a Lucifer cuando se dan cuenta de que no todos les aplauden a rabiar. En vez de bendecir el nombre del fulano que les está señalando públicamente que están metiendo la pata, por el contrario, sueltan varias maldiciones con la esperanza de que al menos una llegue a su destino y le haga la vida de cuadritos al destinatario.
Antes, según cuentan las crónicas, la frase favorita de los servidores públicos pillados en un acto indebido, era la clásica y archi conocida: “¡Que me lo comprueben!”.
Hoy, signo de los nuevos tiempos, la respuesta infalible es: “Me critican porque no les embarro las manos con mi dinero”.
No sé si usted esté, estimado lector, de acuerdo conmigo, pero ante esta circunstancia, toda buena intención se desliza derechito al caño del sumidero.
Es una pena que un servidor público, en vez de aclarar las manchas que oscurecen su administración, se vaya por lo más fácil: minimizar con frases muy desgastadas lo que se dice de él.
“No hay dinero, si quieren pueden seguir pegándome hasta por debajo de la lengua”, fue el comentario despreocupado de un alto funcionario cuando su jefe de prensa le comentó sobre la más reciente crítica que andaba circulando en un medio de comunicación local. Y su vocero, que tiembla cada mañana cuando abra los matutinos locales –no es de Dios tener una chamba así-, lo escuchó reconfortado, ya que en más de una ocasión no ha podido conciliar el sueño ante la avalancha de críticas que ve venir por todos lados.
Hasta hace algunos años esas cosas no se decían tan a los cuatro vientos. La diplomacia todavía era parte del activo de nuestros servidores públicos. O, si es que se decía, no era tan en voz alta, para que se enteraran los demás y luego fueran a contarlo para que lo supiera medio mundo. Era más elegante y efectivo eso de: “¡Que me lo comprueben!”.
Las cosas se enturbiaron con el paso del tiempo. Los políticos apapacharon demasiado a cuanto cristiano escribiera media cuartilla y cargara un gafete que lo identificara como parte de los chicos de la prensa.
“Ve y habla con él”, era la consiga, con el clásico sobre amarillo de por medio, por supuesto. Y los chicos de la media cuartilla –a quien le dan pan que llore-, de pronto pelaron los ojos y dijeron: ¡Que actividad tan noble!. Y sí, era tan noble, que infinidad de políticos de quinto nivel decidieron incursionar en las “letras”. Les iba mejor. Sus carteras nunca estaban vacías. Sus espaldas constantemente recibían palmadas, e incluso, de vez en cuando -¡qué barbaridad!- se les tomaba en cuenta su muy “sesuda” opinión.
Llegó un momento que los chicos de la media cuartilla se adueñaron de la situación. Enviaban el “coscorrón” y se sentaban a esperar. Y el mediador llegaba sin fallar. Y todo era felicidad. Hoy, cuando las cosas ya no son igual –por el momento al menos-, los quejidos surgen por doquier.
Y por eso es la institucionalización del: “Me madrean porque no les quiero pagar”.
¡Plop!, diría Condorito. “A toda madre”, sería la expresión del muy mexicanísimo y mal hablado Pepito. Ya no se puede señalar ningún desliz porque enseguida viene la contraofensiva que, según nuestros insignes políticos, paran en seco cualquier “difamación”.
La realidad, no se puede ocultar, ellos prostituyeron una relación que un tiempo -¡ay, los años!-, a lo más que llegó fue al: “me das información privilegiada, la publico y ni tú no nos conocemos, por si alguien llega a preguntar”. Que no era tan ruda ni tan perversa como el: “Págame para que no te pegue”.
En fin, ojalá y llegue el día en que los servidores públicos –se vale soñar-, aprendan a asimilar las voces críticas y en vez de hacer bilis y proteger su cartera, aclaren las dudas que inundan a los sancaralampiños en general.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
|
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.