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Tiro Libre Carlos Mario y Raymundo King: agrandados pitufos de la política
CHETUMAL, 17 de enero Anwar Moguel
Sin experiencia, sin logros y sin talento natural demostrado, Carlos Mario Villanueva Tenorio y Raymundo King de la Rosa, dos políticos del PRI de la “nueva generación”, se ven a sí mismos como los gallos más fuertes de la capital del estado en el palenque de la grilla, donde la miseria y flacura de sus contendientes coterráneos los han puesto, inmerecidamente, en los cuernos de la luna.
Y es que sin duda entre los dos hay notorias diferencias, pero también muchas similitudes que llaman la atención. Por ejemplo, los dos son relativamente jóvenes; los dos han hecho una carrera a base de otras personas y no por mérito propio; los dos no tienen una trayectoria política para presumir y ninguno tiene logros dignos de mencionar. Otra similitud es que los dos creen ser el “elegido” del Sur del estado.
Veamos el caso de Carlos Mario Villanueva Tenorio; hijo de un político brillante, polémico y popular, quizá el más poderoso gobernador que haya tenido alguna vez nuestra entidad. Lamentablemente lo único que heredó Carlos Mario de su padre fue el apellido, y eso le ha bastado para llegar hasta la alcaldía capitalina, y para aspirar –como un pitufo que quiere llegar a la luna–, a ser gobernador como lo fue su papá.
Pero a Carlos Mario, “Marito” como muchos lo llaman de cariño, le faltan muchos kilos de peso y talento para llegar a ser un político de la talla del enorme Mario Villanueva Madrid. Su carrera política la inició bajo el cobijo de la fuerza del apellido Villanueva, que lo catapultó al Congreso local como diputado, donde en tres años no hizo realmente nada importante.
Sin embargo, la popularidad y la imagen aún presente de su padre lo convirtieron en candidato natural a la alcaldía de Chetumal, la cual se embolsó en las elecciones sin mayor problema, en parte debido a los famélicos contendientes de la oposición.
Pero parece que hasta allí llegó el hijo de Mario Villanueva, pues su tirada era saltar a una diputación federal, candidatura que veía segura en sus manos, para después contender por la gubernatura y regresar a la capital su gloria pasada. No fue así.
Carlos Mario no ha destacado como presidente municipal, donde debió aplicarse y fortalecer su imagen para ser tomado en serio, pero hizo todo lo contrario: emulando a su rechazado antecesor Andrés Ruiz Morcillo, sigue endeudando al municipio y tapando las fechorías del ex alcalde. Sobra decir que su imagen y popularidad ante la gente está cayendo en picada, y ni la sombra de su padre puede sacarlo de ese hueco.
Por otra parte Raymundo King de la Rosa, un joven chetumaleño que se forjó bajo el cobijo de Eduardo Ovando en sus inicios, se inició en la grilla desde chamaco. En su currículum laboral ha tenido un sinfín de puestos menores en la administración pública, pura chamba de medio pelo.
Sin embargo su vida dio un giro al trabar una amistad y ganarse la confianza del actual gobernador, Roberto Borge Angulo, en su etapa como candidato.
Borge Angulo lo nombró coordinador de su campaña política a la gubernatura, y de allí su vida dio un salto cuántico al ser nombrado líder estatal del PRI, posición altamente deseada que ocuparon antes de ser gobernadores tanto Félix González Canto como el mismo Roberto Borge Angulo.
Lo malo, es que King de la Rosa no ha demostrado estar al nivel para su encomienda, y como joven inexperto que es, comete imprudencias y errores que sin embargo su vanidad y sobredimensionada autoestima los minimizan.
Como líder del PRI, no ha proyectado una imagen de fuerza y si el partido no se ha resquebrajado no es gracias a su labor, sino a la mano fuerte del gobernador que lo respalda.
Sin embargo, su nombre suena, y suena fuerte, para diputado federal por el Distrito II, pese a no tener una formación que lo avale para garantizar que Quintana Roo tendrá un elemento de peso en la cámara baja del Congreso de la Unión.
Pero al descarrilar el tren de Carlos Mario, Raymundo King de la Rosa se mira en la cumbre, como el único vencedor, como el único capitalino capaz de alcanzar algún día las estrellas aunque no sea por méritos y por talento propio.
Quizá en el futuro Carlos Mario y Raymundo King cosechen algunos logros, ganen experiencia y colmillo y puedan con los paquetes que les encomienden, pero la realidad es que están muy verdes y les falta mucho camino por recorrer.
Alguna vez Chetumal fue el epicentro de la política local, lleno de jóvenes involucrados en el crecimiento de Quintana Roo, que se forjaron a la vieja usanza en el arte de la grilla, que se fortalecieron, que crecieron, pero que se avejentaron y que se olvidaron de sus valores.
Hoy la clase política de Chetumal vive de los recuerdos… y de las migajas.
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