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¿Y la casita apa?

 

¿Y la casita apa? 

En verdad debemos reconocer a los ciudadanos chetumaleños, merecen nuestro respeto, por su fidelidad y la manera de cuestionar con honestidad el desempeño de su presidente municipal. No dejarse sorprender por sus autoridades es un mérito ciudadano de mucho valía. Pocos gobernantes según las diferentes encuestas salen bien librados en los resultados de opinión, una oportuna medición ciudadana en Chetumal no arrojaría resultados honorables. La realidad siempre supera la fantasía de quienes gobiernan.

Dice bien Lusnoc en una de sus frases: La torpeza y la terquedad son dos primas hermanas que no saben vivir la una sin la otra. ¿Por qué dar muerte a la honestidad de manera tan descarada? Lejos de retirar la duda de los ciudadanos la incrementó, pues la solicitud para usar y abusar de los espacios de comunicación fue apabullante. Bien grande parecía el interés por justificar algo mal hecho. ¿Y la casita apa?

En consulta con algunos ciudadanos este fin de semana escrutamos el sentir por la famosa rifa y el cinismo utilizado para la terca justificación. Sólo uno de los individuos inquiridos intentó justificarlo con el tradicional: “si no lo hace de todas maneras van a hablar mal de él” otra forma insolente de complicidad, tan deshonesta como la propia rifa.

Muchos ciudadanos, muchísimos, toda esa multitud demanda y reconoce la honestidad, que debería ser moneda corriente entre los funcionarios, pero que desde hace tiempo es objeto de dudas y de sospechas de parte de la sociedad. Y  no se trata sólo de la desconfianza, como tal, sino de la observación de la realidad como una forma del conocimiento.

Si fuera necesario encajar el perfil político de la administración municipal en algún modelo, este correspondería a los que ejecutan tareas y consiguen lo que se proponen a cualquier costo, sin que les interese si se perjudica a personas o grupos relacionados. En este perfil, las cuestiones de ética, honestidad o lealtad son rémoras que retrasan el logro de sus objetivos, si es necesario eludirlos se hace. Se relaciona a la amoralidad y el cinismo, donde “el fin justifica los medios”.

Los notorios y obvios incrementos en el patrimonio desencajan. Algunos se han justificado también por la vía de los sorteos, así se dice de un modesto yatecito de 3 millones de pesos, igual se anunció de un vehículo Hummer, similar noticia fue con un Jet ski. Todos por obtenidos por la vía de la diosa fortuna. ¡Suertuditos!.

Bien configura Juan Leyrado el perfil en su actuación en la obra Baraka, donde interpreta a un político corrupto: “Este tipo ama a su familia, al llegar a su casa abraza a sus hijos. El no piensa que es corrupto, sino que es normal que todo sea así. Ese es uno de los mayores problemas de nuestras sociedades. Las nuevas generaciones tienen como ideología que no importa lo que se hace, cómo se hace, sino el objetivo. Es el producto de una degradación que le empezó a pasar a la política. Pero no es que es así porque la política es así, sino al revés: la política la hacen los hombres”.

PD.- ¿Cómo hace un político honesto para mantener esa honestidad cuando entra en el ámbito político? A ese tipo el resto lo quiere rajar. Juan leyrado

PD.- Cuando hablamos sólo de la moral o la ética de los políticos tenemos garantizada la despolitización del debate público.

PD.- Una democracia de calidad no es aquella que garantiza que sus políticos serán santos libres de pecado, sino aquella que dispone de instrumentos eficaces para lidiar con ellos.

PD.- La escoria de la corrupción aflora en el Sindicato de taxistas de Cancún. ¡Fuera! ¡fuera! ¡fuera! Manuel Pérez, gritaban enardecidos para evitar su reelección.

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