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Apenas de pasadita lo escuché

CAZADOR DE HISTORIAS

Nicolás Lizama

Lo escuché de pasadita apenas. “! Pinches periodistas mañosos!”, fue la expresión que me llamó la atención. Voltee discretamente –tampoco se trataba de que notara mi presencia y a mí también me pusiera como palo de gallinero-, y pude ver que era un tipo al que jamás había visto en mi vida. “No corro ningún riesgo entonces”, pensé y me hice al tonto, me quedé para escuchar lo que aún le quedaba en el repertorio.

¡Uf! Y vaya que le quedaba lo suficiente para poner colorado a cualquiera. Despotricó hasta donde su coraje le dio permiso. Por momentos quise evadirme para ya no escuchar tantas herejías.

Más tarde me encontré a un colega que ya lleva muchos años en la brega. Un compa que ha permanecido vigente pese a las enormes piedras con las que se ha topado en el camino. Es un tipo tozudo. Necio a veces, Pero eso sí, muy tenaz, muy constante con sus críticas. A él lo salva el hecho de que “pega” con las dos manos. No pega con una y cobra con la otra. Tampoco es de los que les cancelaron el “jugoso” convenio y por lo tanto, luego de eso, se convirtieron en acérrimos críticos del gobierno en turno.

Mi colega es fiel a su bandera. No le cae bien a mucha gente, sin embargo, le reconocen su forma de hacer las cosas. Es de los pocos que pueden decirle a equis funcionario que es una nulidad y que por lo tanto mejor vaya preparando su renuncia. Es muy rudo a veces. Es de los que todavía piensan que pueden contribuir para que su entorno no sea tan oscuro para mucha gente.

Y ahí va, escribiendo notas en las que destaca los errores de los servidores públicos. Allí la lleva sin importarle que algunos de sus criticados piensen que solo es un loquito. Que es una golondrina que no hace verano. Que a sus críticas se las lleva el viento y por lo tanto le hacen lo que el viento a Juárez.

A ese tipo le tengo mucho respeto. He convivido suficiente tiempo con él y sé que es de una sola línea. Es de los viejos reporteros. De los que cuando entrevistan lo hacen a base de pura libreta y lapicero. Es de los que cuando se acuestan, como los militares, duerme con las botas puestas por si hay necesidad de salir corriendo para cubrir un suceso imprevisto. Cuando hubo momentos de relax –siempre los hay en esta vida-, participó con la misma intensidad con la que desarrolla sus labores. Que recuerde -¡ah, los viejos reporteros!-, su garganta jamás rehuyó ningún trago de un buen whisky o una cerveza bien helada.“Caliente, solo en la cama”, refería cada que alguien le hacía notar ese detalle de tomar las “amargadas”casi congeladas.

Pues bien, ese reportero, me dijo que el tipo –un funcionario de mediano nivel, supe posteriormente-, que injurió a los reporteros tiene toda la razón del mundo. “El periodismo se ha prostituido”, me soltó, como una especie de mazazo. Me lo quedé viendo como diciéndole: “¿No estás exagerando?”. Y él, muy avispado, muy ducho para esas cosas, viejo lobo de colmillos retorcidos, capitán de los siete mares, me respondió casi deletreando: “No exagero, me estoy quedando corto incluso”.

“Ahora cualquiera es reportero. Cualquier cristiano va, entrevista y luego procede a esculcarle la cartera al funcionario”, expresó muy sereno, muy dueño de la situación, muy enterado del asunto.

“Sé de dos o tres casos al menos –añadió-, en donde dizque periodistas de alcurnia han estafado a los gobernantes en turno hasta decir basta. Y lo peor es que luego, cuando los gobernantes dejan de serlo, les pegan hasta con la cubeta sin compasión alguna. Haciendo válido aquella frase de: cría cuervos y te sacarán los ojos. ¿Es eso el periodismo?”.

Y yo no pude replicarle nada. Me lo dijo con tal contundencia que lo único que pude hacer es seguir escuchándolo.

“Y lo peor es que luego se quejan de que son perseguidos, atosigados, hackeados, cuando lo único que les han hecho es suspenderles sus mesadas. ¿No es eso una pend….?”.

“El periodismo, desde hace algunos años, se ha prostituido”, me repitió, despacito, como para que en el aire no quede duda alguna.

Y yo, a decir verdad, todavía ando con eso en la cabeza.Todavía sus palabras me revolotean en la memoria. En todo caso, como dijera aquel sabio, “yo solo sé que no sé nada”.

Desde su trinchera, finalmente, cada quién debería hacer lo suficiente para que el periodismo no sea esa prostituta que por una buena paga se acuesta con cualquiera. Yo, en todo caso, solo soy un modesto cazador de historias.

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