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El apostolado del maestro olvidado

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No obstante la filosofía de aplicar la enseñanza como la vocación y el apostolado maestro, lo que el padre de la educación, José Vasconcelos Calderón, creó para crear conciencia en la mente de los docentes ante los inminentes cambios en la impartición de la educación en el transcurso del último siglo, ahora no se ve más la vocación, salvo en algunos maestros.

A lo largo de la historia, la educación ha ido cambiando la manera de concebir y pensar de las personas dedicadas a la enseñanza. En este siglo XXI la política de las relaciones entre la grey de trabajadores de la educación y sus sindicatos gremiales, poco a poco van dando un inminente riesgo a la educación, dando paso al culto a la ignorancia.

Los maestros han representado escenas diferentes. Empiezan a luchar por sus derechos laborales y a pensar en sí mismos como trabajadores de la educación. Una muestra en la actualidad, -la más rápida de un titipuchal de casos-, ejemplo de estos, entre otras “conquistas” sindicales, disfrutan de dos semanas santas. No contando los dos meses del ciclo veraniego en tanto viene el siguiente, así como los mega-puentes o fines de semana largos, haciendo a un lado la educación como base de progreso.

La agrupación sindical es la encargada de representar la docencia a la que por medio de un contrato colectivo de trabajo la autoridad educativa, como patrón, con un listado de derechos y prohibiciones y requisitos que contribuyan a erigir el futuro de la nación con la educación, como la entrega responsable para impartir la enseñanza.

La normativa se heredó en gran parte con la intervención sindical, -que ahora son varios gremios en busca de las cuotas-, que crearon «conquistas» para poner la educación en riesgo, los maestros hicieron el ejercicio de pensar en sí mismos, y no en su implicancia sobre la importancia de seguir impartiendo la enseñanza como un apostolado.

Si nos remitimos a los orígenes del trabajo del maestro en México, y lo que vemos que está vinculado al origen del magisterio, y, en consecuencia, a la creación de sistema educativo nacional y la conformación de los saberes del campo pedagógico, en aras del progreso de los pueblos.

De lo que identifica al maestro como apóstol de la educación, portador de normas y pautas de buenos comportamientos, de cualidades morales, poseedor de principios ligados al sacrificio, autoridad, entrega, y todas cuestiones que hoy todavía forman parte en torno al rol del maestro.

En los últimos años en el contexto de desarrollo se ubica a las concepciones que tienen connotaciones en el modo de pensar del maestro y que se traducen en las modificaciones de planes de estudio para la formación de los educandos.

Se produce otro cambio importante, se empieza a instalar una visión del trabajo en el ámbito educativo, propio del modelo social y político, donde por un lado están los que saben, definen y planifican el curso de la educación y, por otro, el maestro como ejecutor de marchas, paros y plantones alejándose de las aulas, que con la impronta actuación sindical empieza a discutirse qué y cuánto de trabajador tienen los maestros con la intencionalidad de justificar sus transformaciones.

Ahora bien, ¿qué significa hoy ser maestro? Ser maestro es poder reconocerlo como trabajador de la educación, ser parte de un colectivo social con un fuerte compromiso patriótico, en el contexto de avance con progreso en su tiempo, con un reconocimiento de los alumnos con los que trabaja y con la responsabilidad de aplicar, sin menoscabo, la enseñanza.

Enseñar es hoy una tarea ligada a generar condiciones de progreso futuro, alejando con la educación los grandes males que agobian a niños y jóvenes con la participación del conocimiento para que, desde alumnos, puedan construir una perspectiva sana de su destino.

Es un tiempo enteramente distinto al tradicional que reclama lo que ha pasado en el pasado, que por apoyar un proyecto político para que se logre articular el triunfo con los votos de los trabajadores de la educación, se obtienen prerrogativas para no dar clases, aunándoles más días de inactividad escolar. Es ahí donde surge el sello del culto a la ignorancia por la detención del tiempo para asimilar la enseñanza.

Lo que más preocupa es que de seguir fracturando el orden constitucional y crear una situación de facto que disloque la educación y provoque un retroceso histórico, tendría un costo muy alto para el país, lo que cancelaría cualquier perspectiva de progreso, aunándole los graves problemas que se padecen al pulularse más la delincuencia y que por lo mismo, en sí, han alcanzado altos niveles de alarma.

E mail:riveroeulalio@hotmail.com

http://laboladecristal-rogelio.blogspot.com/

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