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Estamos «fritos»

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La esperanza muere al último, dicen por ahí. Conmigo no va eso. Ayer jueves colapsó el último cachito de esperanza que en mi anidaba.

Ayer jueves, su majestad el fútbol –como a la gran mayoría, por no decir a todos-, me hipnotizó durante dos horas frente al televisor.

Y lo que vi me alarmó enormemente. Jugaba Brasil contra Croacia y clarito vi que ahí, entre esos dos equipos, se repartirán el botín del grupo en que fueron clasificados, que para mala suerte es el mismo del seleccionado patrio.

No le veo, en lo absoluto, alguna posibilidad de que el representativo tricolor desplace del segundo sitio a la poderosa escuadra de Croacia.

Lo que se dice un experto no lo soy en ese tipo de cuestiones. Puedo jurar sin embargo que en esta ocasión ni siquiera tendremos el privilegio de presenciar el cuarto partido. El famoso quinto partido, por lo tanto, ni soñarlo.

La escuadra del locuaz “Piojo” Herrera tiene poco que ofrecer en ese espectáculo inigualable que reúne a las mejores escuadras de los cinco continentes.

Si habría que buscarle algo positivo a esa circunstancia, las únicas que podrán dar fe –júbilo aparte-, de eso, son las distinguidas damitas que en estos días se quedan “viudas” ya que la pareja suele escaparse para presenciar el juego en compañía de sus amigotes. Esas doñitas que suelen perder a su “media naranja” por completo los días en que el seleccionado tricolor sobrevive en la justa mundialista.

Es una buena noticia también para los jefes de oficina. Para esos cristianos que tienen que hacerse de la vista gorda cuando juega el seleccionado patrio. Y es que, la verdad, no hay forma de negarles ese privilegio. Sería un pecado negarles a los empleados el placer –que se convierte en tortura a veces-, de sentarse frente al televisor para presenciar el transcurrir de las acciones en el que nuestros connacionales luchan por poner en alto el “orgullo” de la patria entera.

A cambio otros sufrirán enormidades. Los señores restauranteros, por ejemplo. Y no se diga de los antros y los bares, que suelen oxigenarse cuando ocurren eventos de este tipo. Lugares que dentro de la agonía por la que atraviesan, todavía tienen algún álito de vida para levantar sus cortinas aun cuando saben que los parroquianos ahora, qué remedio, son amantes del “six” y ya no tan fácilmente acuden a sitios en donde además, para acabarla de amolar, les esquilman su dinero.

A como están las cosas, lo mejor, lo más práctico, lo más aconsejable, es juntarte con la bola de cuates (“bola de amigotes”, es la clásica expresión de las esposas), hacer la coperacha y sentarse frente al televisor. Se evitan diversos gastos y también se soslayan problemas.

Y más vale aprovechar los tres partidos de la primera ronda. Y no es que sea pesimista, pero, de plano, el equipo que nos representa está de malas (“Está para el perro”, diría un dicharachero tipo que habita en mi barrio). No tendremos el privilegio de brincar a la segunda ronda y eso es una desgracia por donde se le quiera mirar. Futboleros como somos, para algunos se nos habrá acabado el mundial. Ya nada tendrá sentido.

Ya no será lo mismo. Ya las cervezas o el roncito no resbalarán como es debido. Dará lo mismo que el campeón sea Brasil, España, Argentina o quién carambas dé la sorpresota.

Según los analistas, el equipo brasileño no desplegó en el campo de juego todo su talento. ¡Gulp! (trago saliva), si aun así le metió tres goles a la selección balcánica, ya me los imaginó jugando en todo su esplendor. Y Croacia no es cualquier baba de perico. Juegan con muchos…, pantalones. Corren como gamos. Aparte tienen cuando menos a cinco tipos que manejan magistralmente la pelota.

La verdad -¡snif!-, no veo ningún agujerito por donde nuestro representativo pueda colarse a la siguiente ronda. Así que más nos vale disfrutar a plenitud los tres partidos correspondientes a la primera etapa.

Quisiera equivocarme.

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