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La oposición apoya al PRI a ganar

laboladecristal

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Se cumplen dos años de la derrota de la oposición al PRI en los diez ayuntamientos de Quintana Roo y la mayoría de los distritos electorales en el Estado, y esos partidos de oposición aún no han superado el trauma sufrido.

Han enfrentado toda clase de dificultades para mantener en alto las banderas opositoras de las dos alas, izquierda y derecha, peculiarmente en el PRD y PAN, mientras todo parece indicar que han desperdiciado una brillante oportunidad, a pesar de todos los pesares, por no poder descarrilar la maquina tricolor, por lo que lucen estancados y decantados.

Y antes tuvieron todas las condiciones a las que hubiesen podido aspirar cuando por fin se vieron triunfantes ante un enemigo formidable como lo es el partido tricolor que les amargó la vida durante décadas por causas de haber asentado sus reales en todo el Estado.

Y en gran parte por las luchas intestinas en los partidos de oposición inducidas por ellos mismos, lo que los han hecho conducirse muy mal con todos esos elementos jugando en contra, olvidándose de su postura política, al sólo estar tratando de tener al PRI-gobierno contra las cuerdas.

Pero no, políticamente hablando, la oposición está maltrecha y desconcertada. Con síntomas de enfermedades letales. A estas alturas, tras dos años sin oposición, la que debería estar preparándose para ser más competitivos en las elecciones legislativas federales, por el contrario, se ven un tanto opacados y grises, sin movilización proselitista, dominados por liderazgos extremistas. Ni haciendo uno solo de los tantos candidatos opositores que tienen, saldrá el capaz de sobreponerse a esas condiciones tan adversas.

Las derrotas en las elecciones municipales y diputaciones locales en el Estado, ya habían hecho estragos en la relación entre la masa opositora y sus dirigentes. Pero los daños causados a la oposición como bloque aún están por calcularse. El plan insurreccional pudo haber perjudicado solo al ala izquierda, promotora de los desórdenes, pero el sector moderado del lado derecho, producto de cálculos políticos muy mal hechos, ha terminado también pagando altos costos.

En fin, que al cumplirse dos años del evento electoral que pudo haber marcado el principio del fin al movimiento opositor, todo parece indicar que sigue habiendo desolación para rato y que el emblema tricolor pueda alzarse sin alterarse, porque la oposición sigue poniendo de su parte al no ser competitiva.

La maquinaria tricolor sobre rieles

La política es de símbolos y por algo Quintana Roo es un símbolo importante para el PRI, porque representa el punto a ganar en los tres distritos electorales federales, en uno de ellos acompañándose con el partido Verde, y sin presencia importante de la oposición en los tres distritos en el Estado, y en eso son de más importancia los candidatos a diputados federales del partido tricolor.

Porque se interesan en visitar terrenos difíciles y fértiles para su partido, donde alientan con unidad al priismo, quizá por la regla de ir al recate de su partido en donde ha perdido. De tal manera que para los distritos 1 y 2 significa que la visión tricolor tiene confianza en sendos triunfos con Chanito y Arlet y, también, porque en el distrito 3 el PRI tiene especial interés en arropar a Remberto del Verde con la certeza de su triunfo en junio 7 de este 2015.

En cuanto a la virtual victoria tricolor, que aún está en etapa proselitista, la maquinaria va deslizándose sobre rieles y afianzando con su cuerpeo al candidato del partido Verde, el que va en el cabús de atrás del tren tricolor, es parte de la simbología política del partido tricolor que revela contundencia de triunfo al fortalecer a los tres contendores por el boleto a San Lázaro en este 2015 y, presumiblemente, uno de ellos será una de las tantas cartas del tricolor para contender en la batalla electoral para la sucesión gubernamental en el 2016.

El priismo ha podido minimizar los daños causados por la tragedia de perder en el otrora pasado la Presidencia de la República, fundamental gracias a una segunda razón, ha puesto en evidencia una vez más su capacidad para aglutinarse en circunstancias críticas. Como le ocurre a toda fuerza política grande, en especial a las que han ejercido el poder por largo tiempo. A pesar que los análisis políticos apostaron a la muerte del PRI, tuvo que renovarse o morir. Y el PRI revivió.

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