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¡ÑAM, ÑAM!

Hoy compartí el pan y la sal con un prominente personaje.

Nunca había tenido el gusto de tratarla en persona.

Hoy se me presentó la oportunidad, recibí una gentil invitación y dije: ¡Vamos, hay que aprovecharla!.

El tú a tú es la mejor forma de escudriñar todo, absolutamente todo, hasta lo que se esconde debajo de la alfombra.

Ella, Laura Fernández, venía de una actividad proselitista.

Anda luchando por un objetivo que no es cualquier baba de perico.

Quiere ser gobernadora. Interesante aspiración, por decir lo menos.

En la mesa hay ocho comunicadores, todos con un cartel bien cimentado.

O sea, son de los que no los llevas al baile tan fácilmente.

La candidata, de entrada, se desenvuelve con soltura. No rehuye al debate.

Me llama la atención que responde con calma, sin alterarse nunca, pese a que la preguntas no son tan cómodas que digamos.

Es evidente que tiene experiencia en las lides políticas y administrativas.

Responde a todo, no deja pendiente alguno.

Anda ronca, viene de dar entrevistas en distintos medios masivos y se nota el ajetreo mañanero.

El chiste de un periodista experimentado es hacer que su interlocutor se sienta cómodo, con ganas de responder a todo sin guardarse nada en las alforjas. Los integrantes de la mesa, con años de oficio, lo saben y lo aplican.

Y Laura le entra al toro por los cuernos, aun cuando tenga que retardar su visita a otra mesa.

Laura, la candidata, no se guarda nada. Ya lo dijo, va por todo y sabe que es ahora o nunca el momento de sacar a relucir lo mejor que en el polvorín almacena.

Y vaya que es variado el armamento.

Laura se pone los guantes de boxeo sin resquemor alguno. Está en calistenia permanente, sabedora de que en cualquier momento suena la campana y hay que saltar al centro del cuadrilátero.

Eso me hace deducir que la contienda por la gubernatura será cruenta y lo mejor está por llegar en los días venideros.

En lo particular, aplaudo que la contienda no sea de un solo lado.

Por lo visto los cotorrazos se ponen al dos por uno y el final no será cómodo para ninguno de los bandos en disputa.

Acudiendo al espíritu deportivo, diría que cuando hay un partido de fútbol parejo y disputado, el único ganar, al final, es el jugador número 12: el aficionado.

Éste viene siendo el caso.

Hay “tiro”. 

De que lo hay, lo hay.

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