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Perdió la guerra, mi general

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Por fin se hizo pública y se confirmó la noticia que todos –bueno, casi todos-, estaban esperando.

Nunca, que se recuerde, en la comarca había sucedido algo parecido.

El aludido, el personaje de referencia, llegó con bombos y platillos. Las fanfarrias sonaron alegremente a su arribo. A grado tal, que hubieron ilusos que pensaron que llegaría el momento en que nos quedaríamos sin malosos, gracias a la sagacidad de quien estaba llegando.

Él mismo se auto proclamó como la escoba que nos limpiaría de inmundicias. Y muchos le creyeron. Ávidos de un superhéroe de carne y hueso, lo adoptaron de inmediato. Y buen chasco se llevaron. No pasó mucho tiempo para que todos supieran que el remedo de superhéroe era solamente un tipo muy dado al verbo fácil.

No pasó mucho tiempo para que los sancaralampiños se sintieran defraudados. El superhéroe -¡recórcholis!-, resultó todo un fiasco.

Su presencia, más que por la efectividad de sus acciones, era notoria porque a todos lados iba con su ejército de guardaespaldas. Era el único que podía presumir que nadie le tocaba un pelo. Y así, con tanto guarura cerca, cualquiera lo hubiera presumido.

Los sancaralampiños somos buena onda. Pronto nos acostumbramos, más bien nos resignamos, a tener entre nosotros algo parecido a un mal necesario.

¿Cuándo se regresará por donde vino?, era la pregunta que se anidaba en la mente de quienes un día aplaudieron su llegada.

Con el tiempo comenzaron a surgir respuestas al respecto. “El general ha renunciado”, fue una frase feliz que circuló en innumerables ocasiones. Y nada. Puro borregazo. El aludido ahí seguía muy campantemente disfrutando de la vida.

De pronto comenzó a sernos indiferente. Era como si no existiera. Solo sabíamos de él cuando de pronto los señores reporteros nos narraban que el general había puesto como palo de gallinero, no a un delincuente, sino a un ciudadano. Y entonces los sancaralampiños comenzaron a tenerle más miedo a él que a los mismos malhechores.  

De pronto comenzó a ser un estorbo para todos. Hasta sus propios vecinos lamentaban la desgracia de tenerlo viviendo a un costado de sus casas.

Fueron tantas las veces que nos juraron y perjuraron que ya se iba y era puro cuento, que llegamos a pensar que dicho personaje jamás renunciaría.

Por eso, este miércoles cuando comenzó a surgir el ya muchas veces escuchado comentario de que ahora sí se iba, pensamos que era pura vacilada.

Las redes sociales de pronto, se inundaron con cuestionamientos como: “¿Es cierto que renunció el general Villa?”.

Cuando la noticia fue plenamente confirmada –y festejada-, comenzaron los mensajes lapidarios. Alguien, luego de leer varios de estos “dardos” envenenados, escribió: “¡Ja, ja, ja, se atreven a escribirlo ahora que ha renunciado”. Y sí, somos pacientes y hasta tontos, pero no pend…

Esta vez, aleluya, el informe era correcto. Se iba el personaje que se carcajeaba de medio mundo cuando escuchaba que ya lo habían “renunciado”.

Esta vez era cierto. El general empacó sus cosas y emprendió el camino de regreso.

¿Quién lo suplió? No importa. Es lo de menos. Al final cualquiera entregará mejores cuentas, de eso no nos queda duda alguna.

PD.- ¡Uf, mientras no nos salga con la célebre frase del general Mc Arthur!

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