Principales

Branchi

Por Pedro Joaquin Coldwell
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Para Elide y Jesús

El profesor Abraham Martínez Ross, era el más apasionado y pintoresco de todos los diputados que integramos el Congreso Constituyente de Quintana Roo.

Orador fogoso y  combativo, contaba con una enorme capacidad  para improvisar sus discursos y arrancar nutridos aplausos de la gente. Además, le gustaba  pronunciarlos, así que con cualquier pretexto Branchi intervenía ya sea  desde la tribuna del Constituyente, en los convivios, o en los eventos que realizábamos los diputados durante  las giras que llevamos a cabo para consultar a la población. Yo que necesitaba tiempo para primero pensar el discurso y después  decirlo, realmente le admiraba  su facilidad para el uso del micrófono.

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Branchi fue mi primer amigo en Chetumal. Recién llegado a la capital del Estado, me relacione con él desde las  juntas preparatorias del Congreso y entablamos una amistad  sólida y duradera.  Me  hospedaba en el Hotel Quintana Roo de Jorge Marzuca y por  algunos días Abraham fue mi compañero de habitación. No podré olvidar que cuando recibí el aviso de que mi primogénito Nassim estaba por nacer, él estaba conmigo y compartió mi gozo por la noticia. Por aquellos años le apasionaban los comics, lo recuerdo en su cama leyéndolos, y luego los arrojaba al suelo donde  casi llenaban el piso de la habitación.

Una noche viajamos a  Cancún por carretera, para mi sorpresa y diversión   a lo largo de  todo el trayecto  Branchi  no paró de cantar merengues con  un ritmo, variedad y alegría  que pienso envidiaría el propio Juan Luis Guerra.

Cuando el asesor del Congreso Constituyente don Luis de la Hidalga se incorporó con nosotros, me  generó la impresión de que era un intelectual muy serio y disciplinado, por eso cuando concluíamos los trabajos del día lo llevaba directamente  a su hotel pensando que deseaba descansar o concentrarse en la redacción de su  libro de Derecho Constitucional,  hasta que me enteré que más tardaba yo en dejarlo en su alojamiento que  Abraham en pasar por él para llevarlo a recorrer los antros del Chetumal de la época.

Le enorgullecía ser  el líder de la Liga de Comunidades Agrarias de la CNC, y gustaba en sus giras al campo usar un sombrero tipo vaquero de color obscuro.

Tiempo después, ya durante mi período como Gobernador, fue electo diputado local por el distrito que comprendía el municipio de José María Morelos y en la segunda mitad del sexenio, lo designe Director de Tránsito del Estado. Recuerdo que cuando lo nombre, su sobrino Erick Paolo Martínez me dijo:”No sabes que feliz esta mi tío con su nombramiento”. Nunca recibí una sola queja de su desempeño, era honrado a carta cabal y un ser humano afable y  alegre, al que le gustaba rodearse de amigos.

 A lo largo de los años que  convivimos, percibí que a  Abraham le apasionaban dos cosas: la política y Quintana Roo. Amaba  profundamente al Estado e irradiaba la gran mística de servicio que caracterizaba a la gente de nuestra Entidad  en aquellos tiempos embrionarios.

Su deceso es un duro golpe para su familia, para todos los que fuimos sus amigos y especialmente sus compañeros en el Constituyente 1974-75. No puedo imaginarlo de otra manera, que pronunciado discursos en el mas allá y cantándole merengues a San Pedro.

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