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Cuando despertamos…

Cristal de Roca

Cecilia Lavalle
Novedades Chetumal
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Ayer fue un día que quedará inscrito en la historia política de Quintana Roo. El PRI perdió por primera vez la gubernatura. Pero la historia debe consignar más que eso. Porque ayer fue un día de importantes lecciones.

Para empezar, habría que aclarar cuál PRI perdió. Porque es evidente que hace mucho que en ese partido hay grupos de poder que ya forman tribus, acaso menos visibles o más acomodaticias que en otros partidos, pero un partido monolítico ya no es.

Así que, al menos para Quintana Roo, perdió el PRI de Félix González Canto. Nada más. Pero también nada menos. No es poca cosa, dicho sea de paso.

Perdió, también, la apatía. O, dicho de otro modo, ganó el hartazgo. Cuando tengamos la tentación de creer que en nuestro país nada cambia, que todo aguantamos, que todo puede seguir más o menos igual, bien haríamos en traer a la memoria el día de ayer. Creo que se estiró a tal punto la liga que terminaron reventándola.

Tengo 33 años viviendo en Quintana Roo; de los cuales, 30 he vivido en la misma casa y he votado siempre en la misma casilla. Nunca había visto tal cantidad de vecinas y vecinos esperando su turno para votar.

Y en un breve paseo por la ciudad, vi casillas tan llenas como aquellos lugares en donde se dijo que regalaban despensas a cambio de un voto por el partido en el poder.

Esta lección es poderosa y no debemos olvidarla. Sin duda fueron unas elecciones absolutamente desaseadas, por decir lo menos. Y, sin embargo, el alud de votos fue más poderoso.

El voto nulo no se escucha. La abstención no se escucha. El voto masivo parece que sigue siendo un grito poderoso. Bien haríamos en no olvidarlo.

¿Quién más ganó? Evidentemente ganó una parte del priismo, quintanarroense y nacional, representado en Carlos Joaquín. Pero también ganaron posiciones integrantes del PAN y del PRD. Tienen una oportunidad no menor. Y sólo su desempeño nos permitirá saber si la aprovecharon o la tiraron por la borda.

Los tiempos que vienen no serán nada fáciles. Carlos Joaquín recibe un estado en quiebra, al parecer con un Congreso que le será de oposición, con algunos municipios importantes gobernados también por su oposición; y con enormes expectativas de la población. Rema contracorriente. 

Y en este escenario, las mujeres y hombres que salimos a votar tenemos la enorme oportunidad de ejercer a plenitud la ciudadanía. Porque no se agota en el voto. Implica participación, exigencia, acciones organizadas.

Tanto si ganaron las personas por las que votamos, como si no, tenemos ahora una oportunidad de ser más exigentes y menos displicentes. Exigentes con nuestras autoridades municipales, con las y los integrantes del Congreso, con el gobernador, con su gabinete. Exigentes con toda la clase política: la que ganó y la que perdió. Porque aquí de lo que se trata es de que no sea, la ciudadanía, la que siempre pierda.

Y para ello requerimos garantizar mecanismos de participación, de libertad, de rendición de cuentas, de transparencia. Porque, como oí alguna vez, en la democracia se debe aspirar a que lleguen las mejores personas, pero se deben tener los mecanismos por si llegan las peores.

Por lo pronto, hoy puedo parafrasear el cuento más corto del escritor Augusto Monterroso. Cuando despertamos… salimos a votar.

Confío en que ese relato no termine en seis años como el de Monterroso: “Cuando despertó… el dinosaurio todavía estaba allí”.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com

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