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Huracanes políticos

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Los huracanes políticos han sido más dañinos en Quintana Roo en las últimas décadas, con efectos que se manifiestan en varios flancos de los once Ayuntamientos y en la gubernatura tan perseguida por una docena de hombres y mujeres, mas los que se acumulen en septiembre y fin de año.

Los ciclones han sido muy destructivos y su recuerdo se agita en la memoria de miles: Janet, Gilberto, Wilma. Pero ellos son una manifestación de la naturaleza y la inevitable facturación por disfrutar este paraíso del planeta, no así las malas acciones de nuestros políticos que en campaña llegan envueltos en la bandera de la honestidad a toda prueba.

Aquí en la capital seguimos padeciendo los efectos venenosos de la administración del alcalde priista Andrés Ruiz Morcillo, quien aumentó la deuda sin destinar los millones a obra benéfica y con inconfundible aroma a despilfarro, incluyendo el salvaje contrato con Avances Lumínicos para instalar lámparas Led.

En la mayor parte de los municipios sufren la enfermedad de la corrupción, con negocios para desangrar las arcas y extrema incompetencia y adicción al dinero fácil succionado del presupuesto. Ningún Ayuntamiento es la excepción y da igual que gobiernen los del PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista o Morena.

En el castigadísimo municipio maya de Felipe Carrillo Puerto ha sobresalido para mal su alcalde José Esquivel Vargas, Chak Meex, quien tiene el cinismo de apuntarse de nuevo como candidato a la diputación local en 2022. Y si logra su objetivo la culpa será del partido que se atreva a postularlo –en este caso del PRD– y de los ingenuos electores.

La gubernatura también soporta ese tumor en expansión desde la salida del chetumaleño Joaquín Hendricks Díaz, quien aumentó la deuda pesadísima a estas alturas y que ha dejado al gobierno del estado con escaso margen de maniobra por la estrechez financiera cada vez más aguda.

Elevada significativamente por Félix González Canto, esta deuda ha dejado escaso beneficio a Quintana Roo y se ha combinado con la “reingeniería” puesta en marcha en el gobierno de Roberto Borge para lanzar a la calle a cientos de empleados, decisión que no ayudó a estabilizar el barco porque de inmediato fueron contratados otros con mejores sueldos y prestaciones.

 Nombres y apellidos de nuestros políticos deben figurar al lado de los huracanes más destructivos, porque han decepcionado a quienes creyeron en ellos, teniendo como constante la corrupción con un manual técnico y político de procedimientos para el saqueo con patente de corso, porque todos comparten esa cobija gigante.

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