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Los dardos oportunistas de Marybel Villegas

Las bravatas y manotazos con alta carga oportunista han distinguido a la senadora cancunense de Morena, Marybel Villegas Canché, quien desarrolla una estrategia de posicionamiento con la mira puesta en candidatura para disputar la gubernatura.

La suya es una ofensiva muy ofensiva, del ataque encarnizado para atraer reflectores y amasar popularidad. No oculta su motivación, como en un juego de póquer abierto.

Primero su blanco favorito fue el gobernador Carlos Joaquín González, pero reorientó su fuego de artillería contra la empresa Aguakan, favorecida desde mediados de la década de los 90 por una concesión donde todas las ganancias fluyen en torrente a las cuentas de esa empresa con muy buenos contactos en la cúspide del poder.

Pero el tema Aguakan tuvo que dejarlo por la paz la senadora porque el pasado reciente le dio una bofetada, ya que como diputada del PRI sumó su voto disciplinado ante el gobernador Roberto Borge para avalar la renovación a Aguakan en Cancún, permitiendo que sus tentáculos se extendieran al municipio de Solidaridad, en Playa del Carmen.

La fidelidad partidista no ha distinguido a Marybel Villegas, ya que el cínico oportunismo la ha trepado primero en el PRD, más tarde en el PAN, luego en el PRI de Beto Borge y ahora en Morena, con una reciente escala en la delegación de Desarrollo Social bajo las órdenes del presidente Enrique Peña Nieto.

Marybel Villegas tiene las manos desiertas de resultados trascendentes y con impacto político beneficio, digno del recuento. Le basta con criticar para sacar raja política de los vientos que suelta, siempre pensando en 2022, cuando sea disputada la silla de Carlos Joaquín.

Ayer criticó a la alcaldesa de Puerto Morelos, Laura Fernández Piña, y mañana sus dardos envenenados impactarán en otros protagonistas. Lo importante para ella es el ataque en sí mismo, por los dividendos que pretende cosechar en su camino.

Y llegada la hora de la gran decisión en Morena, no debe sorprendernos un nuevo salto partidista de ella si el juego de cartas le dice no. A fin de cuentas ya conoce el caminito.

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