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Muere trabajadora de intendencia del Hospital General de Cancún por Covid-19

Cancún, 16 mayo
(Novedades Q Roo)

Elena laboraba en el área de intendencia del Hospital General de Cancún, no en el área Covid, pero aún así se infectó y perdió la batalla contra el virus este sábado durante la madrugada.

Era asmática, diabética e hipertensa, pero el hospital “Jesús Kumate Rodríguez” no autorizó su licencia para ausentarse, por no formar parte del personal de base del nosocomio, denuncian sus compañeros de trabajo.

El personal de intendencia contratado por este centro gana el salario mínimo, tres mil 740 pesos mensuales, y para ingresar al área de Covid les dieron un incentivo mensual de mil 200 pesos, refiere una de sus compañeras, quien solicitó resguardar su identidad.

“Solo por ser trabajadora de contrato no le otorgaron la licencia, se la negó el hospital. Ya se había presentado enferma una vez, se fue de incapacidad y regresó; y fue cuando se contagió”, refirió.

Ante la escasez, al personal que no está dentro del área no se le brinda equipo de protección especializado, pero caminan sobre áreas con altas probabilidades de estar infectadas. Así está por lo menos el 50 por ciento del hospital, dicen.

“Por el nivel de contagio que tenemos, en todo el hospital te puedes contagiar. A todos los compañeros que están fuera del área de Covid no se les está brindando una protección adecuada”, expuso.

Los bajos salarios y condiciones precarias de los empleados de intendencia, así como de los camilleros; ponen en riesgo a sus familias pues el hospital no les apoya para tener un lugar donde hospedarse durante el periodo de contingencia.

“Con los sueldos tampoco da para que ellos puedan rentar un lugar. La mayoría de las veces tienen que viajar en transporte público desde lejos, y ahorita con los cierres de calles, pues peor”, dijo otra trabajadora.

También en una posición vulnerable se encuentran los empleados de seguridad, contratados por una empresa externa. Uno de ellos, que resguarda la puerta del área de urgencias, donde llegan los sospechosos de Covid-19; apenas cuenta con un cubrebocas de tela adquirido por el mismo.

Abre y cierra la puerta, pero no consigue evitar que la gente toque el pasamanos o el cristal. A unos metros hay un tinaco con agua, un lavabo y jabón, para lavarse las manos, siendo la única protección visible.

“Aquí hemos estado desde que empezó todo. Al principio eran poquitos, pero ahorita ya están llegando más […] pues yo digo que con el favor de Dios no nos va a pasar nada”, platicó.

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