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Que no te engañen, Anahí

La cancunense Anahí González Hernández jugó como visitante y arrasó en el segundo distrito con cabecera en Chetumal, con el 52 por ciento de los votos obtenidos. En un paseo relajante la candidata de Morena se apoderó de la diputación federal aplastando a su más cercano competidor: José Alberto Alonso Ovando, quien como candidato del PRI, PAN y PRD cosechó el 28 por ciento de los sufragios. En tercera y cuarta posición –muy lejos– quedaron Víctor Zapata Vales y Carlos Mario Villanueva Tenorio, con el cinco por ciento.

Fueron 79 mil 206 votos a favor de Anahí, quien ya presume una aceptación que es un espejismo porque los votos los provocó el presidente Andrés Manuel López Obrador, el mismo que entregó la curul a la chetumaleña Patricia Palma Olvera en la elección de 2018, cuando él fue candidato presidencial.

El segundo distrito incluye cuatro municipios: Othón P. Blanco, Bacalar, Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos. La mayor parte de los electores del sur y zona maya simpatiza con Morena, por lo práctico de la entrega masiva de apoyos sociales y programas que benefician a hombres y mujeres de todas las edades, provocando devoción popular. Ante ese poder seductor no hay defensa.

También predomina el rechazo al PRI y al PAN –juntos o por separado–, cuyo candidato José Alberto Alonso Ovando hizo una campaña penetrante, pero no le alcanzó el parque y cayó en la ladera del Castillo de Chapultepec. El chetumaleño conocía el poder de la conquistadora del norte.

“Soy la más votada”, presumió Anahí al recibir su constancia de mayoría. Así tituló La Opinión de Quintana Roo. “Soy la más votada de los cuatro distritos, con más de 82 mil sufragios que se traducen en confianza, certeza y esperanza. Quiero destacarlo con humildad y satisfacción”. Así escribió la exdirigente estatal de Morena y regidora con licencia en Cancún. Y en uno de los comentarios, alguien le pide que comience a pensar en la gubernatura.

Como Ulises, la joven cancunense debe colocar cera en sus orejas para no caer en las garras de las sirenas. Su triunfo lo debe asimilar con sensatez, reconociendo todo el mérito al Presidente.

Vamos: si Marisol Alamilla Betancourt hubiese sido candidata en lugar de Anahí –lo fue de Redes Sociales Progresistas–, también estaría proclamando que fue la más votada y estaría buscando no la gubernatura, sino la misma Presidencia de la República.

Mario Villanueva cumple un año en prisión domiciliaria

El exgobernador chetumaleño Mario Ernesto Villanueva Madrid cumple hoy un año en prisión domiciliaria en Residencial Andara, casi enfrente de su rancho el Mostrenco. El 10 de junio de 2020 fue trasladado de la clínica Campestre a una casa de la familia, donde lo custodian elementos de la Guardia Nacional.

Aunque sus condiciones son más benignas, está sediento de una libertad que se le niega por consigna o escollos en lo alto de la política, aunque el Presidente Andrés Manuel López Obrador atizó la esperanza de tantos al prometer que intervenía para lograr su liberación, pero el diablo mete la cola en una zona del laberinto. Quizá Alejandro Gertz Manero –el Fiscal General de la República– o su Consejero Jurídico, Julio Scherer Ibarra. O tal vez ambos.

Para un Presidente con tanto poder –como López Obrador– no es creíble que en su propio equipo boicoteen la decisión más esperada en Quintana Roo, principalmente en el sur y en municipios como Tulum y Solidaridad (Playa del Carmen). En tiempos de Carlos Salinas de Gortari habría sido suficiente una orden verbal o una firma para liberarlo de inmediato.

Mario Villanueva cumplirá 73 años este dos de julio. Independientemente de la edad otoñal, es candidato a recibir el viento en las calles de Chetumal y el mundo. Es un hombre con enfermedades soportadas con sorprendente fortaleza, pero en el gobierno federal deben ser serios para revisar su caso y resolver, porque se han especializado en ilusionar a quienes queremos verlo sin cadenas.

El escarmiento accionó su proceso –Villanueva ha dicho que fue “una maquinación perversa”–, ya que el Presidente priista Ernesto Zedillo decidió triturarlo en el ocaso de su estancia en Palacio de Gobierno. Y desde el 27 de marzo de 1999 –un día después de rendir su último informe– no conoce en sosiego, porque escapó en Mérida y permaneció oculto por 26 meses, hasta su entrega convertida en captura aquella noche del 25 de mayo de 2001, cuando fue atrapado en Alfredo V. Bonfil, cerca de Cancún.

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