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Tan desprestigiado como líder petrolero por darse vida de rey y aferrado al hueso de la dirigencia estatal del PAN, Eduardo Martínez Arcila apostó todas sus fichas en la campaña del diputado federal Ricardo Anaya para la presidencia nacional del blanquiazul, con la esperanza de que si su gallo resulta vencedor el viento sople a su favor para reelegirse en el cargo, a pesar de los desastrosos resultados obtenidos en las últimas elecciones federales.

Y es que Martínez Arcila salió muy abollado por sus constantes pifias y excesos como dirigente del partido que ha sido colocado en Quintana Roo al borde del abismo, por lo que un amplio sector de su militancia exige su salida inmediata para depurar el liderazgo.

Mostrando que la autocrítica no es lo suyo, el todavía líder blanquiazul local no tiene intenciones de ceder el mando y, tal como operó en el pasado para reelegir en la presidencia nacional a Gustavo Madero Muñoz, ahora se ha convertido en el principal impulsor de la campaña del “delfín” panista, Ricardo Anaya, presionando a los militantes de diversas maneras para que favorezcan a este con su voto.

Pese a sus esfuerzos, según información de los propios militantes la figura del retador del delfín de Gustavo Madero, el senador Javier Corral Jurado, está cobrando fuerza en la entidad, principalmente porque nadie quiere tener a Eduardo Martínez al frente del partido en las próximas elecciones locales de 2016.

Uno de los que se ha lanzado al cuello del gris dirigente estatal ha sido el ex diputado local chetumaleño Mario Rivero Leal, quien es uno de los aspirantes a tomar las riendas del partido en el proceso interno que se avecina.

Mario Rivero encabeza una rebelión cuyo objetivo es impedir la permanencia de Martínez Arcila al frente del PAN, lo que consideran un “suicidio” político dados los indicadores que muestran que el blanquiazul está en caída libre en las preferencias de los ciudadanos.

Por esa razón, los inconformes en bloque están cerrando filas para evitar que la operación política de su todavía dirigente a favor de Anaya Cortés tenga éxito y le permita sobrevivir a la tempestad para seguir haciendo de las suyas, desangrando como sanguijuela las finanzas del partido.

La lucha interna en el PAN está al rojo vivo y parte de su destino se conocerá el próximo 16 de agosto, día de la la elección del presidente nacional y donde podría decidirse la suerte del abusivo dirigente local.

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