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Lucro en el caos

Golpe de Mazo

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Los coletazos de la Onda Tropical 44 que dejó a cientos de familias del sur del estado con pérdidas materiales y a otros de rodillas y con plegarias en medio de la tormenta, fueron oro molido para comerciantes y taxistas inmorales que mandaron sus precios a las nubes, aprovechando la apremiante necesidad de usuarios y clientes.

Mientras las autoridades municipales y estatales estaban ocupadas atendiendo los mil y un problemas que generaron las atípicas lluvias, los dueños de pequeños comercios que abrieron sus puertas decidieron subir el precio sin decir agua va a todos sus productos con el pretexto de la lluvia, desde laterías, huevo y tortillas, hasta productos cárnicos.

Por ejemplo, el kilogramo de tortilla que por lo común se vende en 14 pesos, era vendido mínimo en 16 y máximo en 20 pesos, a pesar de que no existía la autorización para elevar el precio. El pollo pasó de 33 a 38 pesos el kilo, y en el resto de productos los tenderos colocaron el precio que les dio la gana.

Lo mismo ocurrió con los taxis en Chetumal, que durante los días de contingencia se convirtió en un servicio de lujo que muy pocos podían pagar.

Con el cuento de que ponían sus unidades en riesgo por las intensas lluvias, triplicaron sus costos, al pasar de 16 pesos –la ruta más corta– a los 40 y 50 pesos en algunos casos.

Para colmo, debido a la suspensión del transporte público los chetumaleños no tenían más opción para moverse que los taxis, cuyos conductores capitalizaron el desastre a su favor cobrando tarifas astronómicas con la complicidad de su sindicato que se cruzó de brazos.

“Apenas son las nueve de la mañana y ya tengo lo de mi liquidación”, comentó un taxista que presumió que en solo dos horas logró ganar lo que normalmente se embolsa en un turno de ocho horas.

Aunque en el caso de los taxistas el aumento de precios es comprensible por las condiciones del tiempo, lo que no se vale es el abuso, pues con subir cinco pesos a las tarifas autorizadas era más que suficiente, pero prefirieron servirse con la cuchara grande en lugar de servir a la comunidad a la que se deben.

La Profeco y la Sintra no deben quedarse con los brazos cruzados, y están obligados a una acción retroactiva ante estos abusos, utilizando la denuncia ciudadana como arma para sancionar a quienes lucraron con la tragedia, lanzando así una advertencia contundente para que en futuras contingencias no suceda lo mismo.

Esperemos que esto no sea mucho pedir.

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